Los aficionados a la astronomía tienen una cita ineludible este próximo domingo, 31 de mayo, con la aparición en el firmamento de la conocida popularmente como ‘Luna Azul’. Este fenómeno, que en esta ocasión llega acompañado de una ‘Microluna’, supone una particularidad astronómica y de calendario que podrá contemplarse desde todos los puntos de la comarca.
Pese a su evocador nombre, el satélite no adquirirá una tonalidad añil. El término ‘Luna Azul’ es una adaptación del mundo anglosajón que hace referencia a un hecho poco habitual: la coincidencia de dos lunas llenas dentro de un mismo mes. Dado que el ciclo lunar dura aproximadamente 29,5 días, el plenilunio registrado el pasado 1 de mayo ha dejado margen suficiente para que este domingo se produzca el segundo del mes.
A esta singularidad calendárica se suma un factor astronómico. El satélite se encontrará cerca de su apogeo, es decir, en uno de los puntos de su órbita más alejados de la Tierra. Por este motivo, adquirirá la categoría de ‘Microluna’, mostrándose ligeramente más pequeña y con algo menos de brillo de lo habitual; una diferencia difícil de apreciar a simple vista, pero de gran relevancia para los observadores.
Este tipo de eventos sirven históricamente como motor para la divulgación científica en la zona. Las asociaciones astronómicas locales recuerdan cómo en pasadas ediciones se aprovechó el tirón de la ‘Luna Azul’ para organizar observaciones públicas. Una de las más destacadas tuvo lugar años atrás en Júzcar, coincidiendo con el apogeo temático del ‘Pueblo Pitufo’. En aquella ocasión, los expertos emplearon telescopios con filtros azules para que los asistentes pudieran observar el satélite teñido de ese color, uniendo así la didáctica científica con el entretenimiento familiar.
El origen de la etiqueta ‘Luna Azul’ cuenta con varias teorías que se remontan hasta cuatro siglos atrás. La más aceptada por los expertos vincula el concepto a la expresión inglesa «Once in a blue moon», utilizada para describir sucesos extraordinarios o muy raros, una relación que fue documentada por primera vez en 1937 por la publicación estadounidense The Maine Farmer’s Almanac.
Aunque el satélite mantendrá su color habitual este domingo, la historia sí registra excepciones en las que se ha visto azul por causas naturales. Erupciones volcánicas de gran magnitud, como las del Krakatoa (1883), el Monte Santa Helena (1980) o el Pinatubo (1991), liberaron nubes de ceniza que actuaron como un enorme filtro óptico en la atmósfera, tiñendo visualmente a la luna.
Quienes no puedan disfrutar del evento astronómico de este domingo tendrán que esperar varios años para ver algo similar, ya que la próxima ‘Luna Azul’ mensual no está prevista en el calendario hasta el 31 de diciembre de 2028.















