Alúmbrame en tu claro de Luna, / oh blanca Alfa azulada, / despiértame en Septiembre de mañana, / tú que anuncias el río desbordado / de la sangre de todos los amantes. / He visto tu mirada a veces roja, / tu palabra, de oscuro pensamiento, / he oído traspasar las puertas verdes; / esperando la faz de tu semblante, / mas solo vivo, y solo muero, tan solo espero. (“Sirio” del poeta Valentín García Alonso, 2009).
Si nos situamos en el cinturón de Orión, popularmente las “Tres Marías”, y trazamos una línea con un imaginario “lápiz celeste” hacia la izquierda, nos encontramos con Sirio o Sirius (denominación latina), una de las estrellas más brillantes de la bóveda celeste que tiene una magnitud de -1,46 y está a solo 8,7 años luz de nosotros. Sirio es muy fácil localizarla en los cielos invernales y pertenece a la constelación del Can Mayor, uno de los perros que acompañaban al gigante Orión según la mitología griega, y está representado en el cielo como un perro apoyado sobre sus patas traseras, siendo la estrella Sirio su hocico.
En el Antiguo Egipto se la identificaba con la diosa Isis. Su reaparición como estrella visible en el cielo de la mañana, antes de la salida del Sol, se relacionaba con el comienzo de las inundaciones en el delta del Nilo. Las antiguas civilizaciones creían que la energía de esta estrella se agregaba a la del Sol, generando los días más calurosos del verano conocidos como «días de perros» que está estrechamente relacionado con la palabra canícula.
La luz de las estrellas revela importantes informaciones como su temperatura, química y velocidad. Las más calientes son azuladas y las más frías las rojas. Esta relación color temperatura se puede observar como al calentar el hierro va tomando el color rojo, anaranjado, amarillo, blanco y azul, según el aumento de la temperatura. Sirio tiene color blanco-azulado, pero hace unos dos mil años su color era rojo según testimonios dignos de crédito: Séneca la comparaba con el color de Marte; Ptolomeo la incluía en la lista de las estrellas más importantes de color rojo en su obra Almagesto o el historiador galo-romano, Gregorio de Tour, que la llamaba Rúbeo (rojiza). Aún, no se sabe a ciencia exacta este cambio de color en la estrella.
La estrella del Can tiene una compañera llamada Sirio B, también conocida como el “Cachorro”. Es una enana blanca observable sólo con grandes telescopios, completa una órbita alrededor de Sirio cada 50 años y tiene un diámetro del doble de la Tierra, pero con la misma masa del Sol. Sirio B es una estrella extremadamente densa, una cucharadita de su materia pesaría unas tres toneladas en nuestro planeta. El sistema de Sirio ha sido tema de controversia antropológica, debido a que, supuestamente, la estrella Sirio B era conocida por una tribu africana del valle del Níger (Malí), los dogón. Además, este pueblo es motivo de estudio por los arqueoastrónomos debido a la relación de sus bailes ancestrales con la estrella Sirio.
Para finalizar, cuando contemplemos a esta brillante estrella, debemos recordar que hacia ella “navega” la sonda Voyager que partió de la Tierra hace unos 50 años, llevando un mensaje de Paz de la Humanidad compuesto de imágenes, sonidos, signos y fragmentos musicales para posibles civilizaciones extraterrestres, calculándose su aproximación a Sirio dentro de ¡295.000 años!











