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Ana Fernández, la famacéutica de Cartajima, 25 años atendiendo y cuidando a los vecinos del pueblo

En el mundo rural los farmacéuticos también hacemos labores de médicos, psicólogos o administrativos, todo ello con el objetivo de apoyar y echar una mano a las personas mayores

La farmacéutica junto a dos vecinas del municipio de Cartajima.

Ana Fernández, farmacéutica de Cartajima, regenta este establecimiento desde hace 25 años, tiempo en el que ha vivido innumerables experiencias con los vecinos, a quienes conoce a la perfección, casi como si fuesen de su familia. Natural de Almargen, la boticaria se siente una cartajimeña más debido a su larga trayectoria en el pueblo y a que tanto su marido como sus hijos son de Cartajima. “Me encanta mi trabajo, es muy gratificante porque me permite ayudar a las personas en muchos aspectos.

En el mundo rural los farmacéuticos también hacemos labores de médicos, psicólogos o administrativos, todo ello con el objetivo de apoyar y echar una mano a las personas mayores, solventando en muchos casos las dudas que tienen”, comentó en tono cariñoso Fernández, que para celebrar su 25 aniversario como farmacéutica de Cartajima organizó un aperitivo para todos los vecinos como forma de agradecer la atención y el exquisito trato que siempre han tenido hacia ella.

Por tanto, una de las principales diferencias de las boticas rurales respecto a las grandes farmacias de las ciudades radica en el trato a los clientes, mientras que en las segundas es más impersonal, en las de los pequeños pueblos existe mucha más confianza y familiaridad. En este sentido, la farmacéutica de Cartajima ha reconocido saber la medicación que toma habitualmente cada uno de los vecinos. Ana Fernández ha indicado que 25 años dan para muchas anécdotas y vivencias. Entre ellas, en ocasiones sus clientes la ponen en contacto directo con médicos privados para aclarar algún tema relacionado con la medicación, suele organizar el pastillero semanal de algunas personas mayores o ha curado pequeñas heridas en la farmacia antes de instar al paciente a dirigirse a un centro médico. Por otro lado, la farmacéutica ha subrayado que la red de distribución de fármacos funciona de una manera más que aceptable, hecho fundamental para evitar el déficit de medicamentos en las pequeñas boticas que ha sido posible, en gran medida, gracias a la informatización y digitalización del sistema de petición de fármacos. Por tanto, el hecho de que la farmacia de Cartajima sea pequeña no supone que haya ningún tipo de problema para dispensar a las personas cualquier medicamento que pudieran necesitar.

La mayoría de las farmacias de los pequeños municipios están catalogadas como VEC (de Viabilidad Especialmente Comprometida) y los colegios de farmacéuticos, conscientes de las dificultades económicas de las boticas rurales, están impulsando pequeñas ayudas con el objetivo de que estos establecimientos imprescindibles no desaparezcan. “Ahora que tanto se habla de la ‘España vaciada’ es fundamental reconocer el trabajo de los farmacéuticos que luchan día a día por salir adelante en los entornos rurales”, concluyó Ana Fernández.


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