Cultura y Sociedad

Un huerto para sembrar inclusión

Un grupo de usuarios de Asprodisis aprende a cultivar la tierra para obtener sus propias hortalizas y fomentar la convivencia con otros colectivos

La actividad se desarrolla en los huertos sociales de Cruz Roja.

Que los huertos sirven como terapia contra el estrés es un hecho conocido desde hace años. Pero cultivar la tierra también puede ser una buena herramienta de inclusión social. Esa es la filosofía del taller de horticultura puesta en marcha por Asprodisis (Asociación de Personas con Discapacidad Intelectual de Ronda) en la que actualmente participan una quincena de usuarios.

La actividad se desarrolla en los huertos urbanos que Cruz Roja gestiona en la Cruz de San Jorge. Allí, unas tres veces por semana, un grupo de miembros de la asociación, junto con una monitora, preparan la tierra, siembran, riegan y, por último, recogen las frutas y hortalizas en las que tanto mimo y dedicación han puesto.

El objetivo principal, más allá de dominar los secretos de la huerta, es dar un paso más en la integración de estas personas. “Lo más importante es que vayan, se impliquen y participen en actividades de su entorno como cualquier persona o colectivo”, explica Remedios Barea, directora del Centro de Día Ocupacional de Asprodisis.

Por eso, uno de los grandes beneficios es el fomento del trabajo con los demás y la convivencia con las personas que ocupan los huertos colindantes, con quien hablan, piden prestadas herramientas o incluso intercambian semillas.

Dos participantes en la actividad.
Dos participantes en la actividad.

Aunque la actividad está abierta para todos los usuarios de la asociación, son las personas de más edad las que más abundan, y las que pueden sacar mejor provecho de ella. “Es una actividad tranquila, pausada y muy gratificante, que también sirve para trabajar la memoria, ya que ellos mismos planifican el calendario de siembras”, explica Barea.

Además, algunos de ellos pasaron su niñez y su juventud en un entorno rural, y ahora ven estos huertos como una oportunidad para rememorar aquellos tiempos. Es el caso de Isabel Ayala, una de las participantes: “Ir al huerto me recuerda cuando vivía en el campo con mis padres”.

Desde el centro se intenta que sean ellos mismos quienes llevan a cabo todo el proceso, desde la preparación de la tierra y la eliminación de las hierbas hasta la cosecha. Y todo ello de forma completamente ecológica. Eso sí, en ocasiones son asistidos por profesionales para las tareas que requieren el uso de maquinaria especializada.

Pero todo esfuerzo tiene su recompensa, y también son ellos mismos los que aprovechan el fruto de su trabajo, consumiendo los tomates, pepinos, pimientos y demás productos que les da la tierra. “Le damos lo que traemos al cocinero y él nos lo prepara para que nos lo podamos comer”, explica Salvador Rodríguez, otro de los más asiduos a este huerto inclusivo que cada vez tiene una mayor participación entre los usuarios de Asprodisis.


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