Cultura y Sociedad

Festival de Cante Grande de Ronda: cincuenta años de arte y pasión flamenca

El festival rondeño cumple medio siglo de vida en el que los mejores bailaores y cantaores han pasado por la Ciudad del Tajo

Argentina fue todo voz y pasión en el escenario de la Alameda del Tajo. Foto Pezzi.

El Festival, que se celebró en la noche del pasado sábado en el extraordinario paraje de la Alameda del Tajo, comenzó por todo lo alto con la actuación de Pedro Cintas Rodríguez, de La Albuera (Badajoz), acompañado al toque por el guitarrista cordobés, Severiano Jiménez (Niño Seve). Su actuación transcurrió por los cantes de Soleá polá, Cantiñas, Seguiriya y finalizó por Bulerías, demostrando porqué se ha llevado el prestigioso premio nacional de “Aniya La Gitana”.

En segundo lugar y también al cante, subió al escenario el cantaó de Chiclana de la Frontera, Antonio Reyes, acompañado del toque del sevillano Dani de Morón. Antonio Reyes resolvió sus cantes con mucho gusto del público, por Alegrías, Soleá, Tangos y Bulerías.

Para finalizar esta primera parte, subió a las tablas el ganador del 24 Concurso Nacional de Cante y Baile de Ronda, el bailaó malagueño Cristóbal García Fernández, acompañado del toque de Rubén Escalona y los cantes de Antonio Luque Cortés “Canito”.

Tras un breve intermedio en el que el viento de levante empezó a manifestar que en la segunda parte tendría un papel relevante, pudimos disfrutar de dos grandes voces femeninas, Argentina y La Macanita. Dos estilos, dos mundos del flamenco.

La onubense Argentina María López Tristancho “Argentina”,  realizó una amplia gama de cantes, fusionando en muchos casos distintos palos. Su impresionante voz hizo que el público disfrutara enormemente con esta actuación, muy a pesar de las opiniones de muchos conocedores del flamenco que hubiesen preferido una actuación más académica.

Cerró la noche, la jerezana Tomasa Guerrero Carrasco “La Macanita”, luchando con el viento que a veces quería ser protagonista de la noche. La Macanita demostró que es una de esas voces gitanas que están por encima de todo y que las tablas son su medio natural. Tal fue su valentía, su coraje y su saber hacer, que a pesar de los inconvenientes, optó por cantar sin micrófono y así, al aire, terminó una brillante actuación.


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