Opinión

Cuando se cortan todos los puentes

Y es que Ronda es así. Como una rosa de pasión, donde cada pétalo es un barrio de su geografía urbana que le pone su sello y su carácter. Y si no existiera la Dehesa o San Cristóbal, San Rafael o San Francisco, La Planilla, El Arenal, La Ciudad o el Mercadillo, no existiría también este milagro de ciudad, histórica, romántica, única y universal.

Y me encanta esta ciudad cuando horas antes de su Semana Santa, Ronda Romántica, la Goyesca… las calles aparecen vacías, limpias de esas máquinas ostentosas que nos trasladan de un lado a otro jugándonos la vida, y que se han adueñado dictatorialmente de nuestras calles y plazas. Donde el hombre a pie se ha convertido en una asustado conejillo al que continuamente acecha este horroroso animal de lata.

Y quizá Ronda, como ciudad para vivir, porque en Ronda no hay que morir, que va, en Ronda hay que vivir. Como ciudad privilegiada para vivir sufre ahora mismo, en nuestros días, el riesgo más peligroso desde su última conquista. Vean qué contrasentido: crece y avanza Ronda porque atrae vivir en ella; pero al crecer envenena los componentes biológicos que la hicieron atractiva. El automóvil, y el malhumor de sus conductores, se han adueñado de la ciudad. Y lo aceptamos con absoluta resignación. Es el coste que tiene el desarrollo, no es verdad; es que ya no cabemos, no es verdad; es que la gente no quiere el transporte público; es que no se puede construir un nuevo acceso; es que no se pueden construir los aparcamientos necesarios para que los automóviles no penetren en ella: no es verdad. Abogo porque seamos valientes, creativos y busquemos consensos y soluciones, que aunque parezcan arriesgadas, darán una nueva fisonomía a la ciudad, conjugando con racionalidad los dos grandes antagonistas de hoy en cualquier ciudad mediana o grande con un patrimonio histórico de indudable valor: peatones y vehículos.

Si hemos inventado la calle de la Bola, la calle peatonal más larga de España, no vamos a ser capaces de inventar la ciudad del peatón y no del automóvil, y salir de una vez de este tortuoso laberinto que no nos lleva a ningún lado.

Seguimos siendo inaccesibles, inexpugnables y ahora también intransitables.

Llevo toda mi vida ahorrando para ver si puedo comprar el Puente Nuevo y nunca más pase un coche por él, ¡qué locura, verdad! Y convertirlo en un monumento a la serenidad estética, en el paseo central y en la Tribuna Oficial del impresionante Teatro de nuestra ciudad, donde tranquilamente nos paremos para charlar un rato, y rindan honores cada uno de sus ciudadanos y visitantes, rodeados del paisaje más impresionante del mundo. Pero he fracasado, confieso que he fracasado. Y ahora me ha dado por investigar, no sólo la historia, sino investigar cual es el secreto de la belleza de Ronda, y también he fracasado, porque las rosas no se investigan, se respiran.

Pero sé una cosa. Que si el amor humano fuera “hacedor”, como lo es el amor divino; rondeños, ustedes y yo, a fuerza de quererla, si estuviéramos dotados de la fuerza creadora para volcar maravillas sobre nuestra ciudad, le seguiríamos dando cuanta grandeza y cuántos encantos le dieron nuestros antepasados; resolveríamos sus problemas, inventaríamos trabajo, justicia y paz a favor de todos; la dotaríamos de mágicos perfumes y sabores; a fuerza de amor, a fuerza de soñarla y quererla haríamos… qué milagro de ciudad, viejísima y fresca, sabia y niña, guapa y hermosa… qué excelsa y grande ciudad de Ronda.

Y he fracasado porque creí una vez más en la buena voluntad y en la palabra honesta y comprometida, esperaba consenso, pacto, acuerdo, altura de miras, un horizonte de esperanza, un proyecto integrador de todo el conjunto histórico, aparcamientos disuasorios, un nuevo acceso a Ronda que evitara o autorregulara el tráfico de los vehículos a una ciudad que no fue pensada para ellos, sin volver al siglo XVIII, sin soluciones del presente, sin aislar y discriminar a nadie.

He tenido la fortuna o la desgracia de asistir durante un año a las reuniones de la Mesa de Trabajo del Patrimonio Histórico, con espíritu constructivo, y con esa voluntad de acuerdo asistía ilusionado a esas reuniones, donde sabía que Ronda se jugaba mucho y podría ser una oportunidad única e inmejorable para abordar muchas de las dificultades e inconvenientes que nuestra especial fisonomía urbana nos hace incompatible con la modernidad.

Entendí, ingenuo, que entre todos podíamos alcanzar, de una vez por todas, un Gran Pacto sobre esta cuestión vital para todos. Pero siempre tuve absolutamente claro que no se puede actuar en la regulación de la movilidad del conjunto histórico sin realizar las inversiones necesarias que faciliten el tránsito, acceso y estacionamiento al medio de transporte generalizado de nuestro tiempo, que no se podían tomar decisiones sin perjudicar a las barriadas del otro lado.

Grabado antiguo del Tajo de Ronda.
Grabado antiguo del Tajo de Ronda.

Ronda se amplió por el Mercadillo y éste nació desde Padre Jesús; Ronda se amplió extramuros por sus arrabales, el Alto y el Bajo, y el más importante de ellos era el barrio de San Francisco. Volvamos a unir la historia, de estos barrios olvidados y maltratados, con una sola Ronda. Imposición no es compatible con consenso, los parches, las ocurrencias y la improvisación no son coherentes con un nuevo modelo de ciudad. Ronda necesita un proyecto ilusionante de ciudad antigua y moderna a la vez, que seduzca a todos quienes la habitamos, sin excepciones ni privilegios. Hay que parar esta locura que perjudica a muchos y beneficia a muy pocos, transmitir esperanzas y capacidad de saber solucionar nuestros problemas, no cortar puentes al diálogo y al acuerdo, no separar, no aumentar distancias, no promover enfrentamientos inútiles y sin sentido que nos alejan de la auténtica solución, porque LO QUE HISTÓRICAMENTE RONDA HA UNIDO QUE NO LO SEPARE NI DIOS.


Un comentario en “Cuando se cortan todos los puentes

  1. Varmorn

    Estoy muy de acuerdo con este señor, me tranquiliza saber que todavía queda gente con esta visión en la que todos cabemos, vivamos donde vivamos.

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