Cultura y Sociedad

El Camino de Santiago y el Camino de las Estrellas

La Vía Láctea es la primera gran relación Ruta Jacobea/Astronomía donde la huella del Camino de Santiago quedó marcada para siempre en los cielos

Camino de Santiago y crucero antes de llegar a Agés (Burgos). Foto: J.L. Anillo León.

Una simple mirada hacia el firmamento en una noche de verano sin luna y alejados de las luces de las poblaciones, nos revela en todo su esplendor una senda nubosa que corta la bóveda celeste de Norte a Sur, es la Vía Láctea, nuestra galaxia. Su nombre deriva de su aspecto lechoso, que según la mitología griega era un reguero de leche que se derramó por el cielo, mientras la esposa de Zeus, Hera, amamantaba al héroe Hércules.

A lo largo de la historia de la humanidad, cada pueblo ha dado una interpretación particular a esta franja, pero la mayoría coinciden en considerarla como un “camino” o “vía”, llamándola: camino del cielo, río de salud, camino hacia la tierra del mañana, camino de las ocas, sendero de los pájaros,…

La Vía Láctea.
La Vía Láctea.

La Vía Láctea es un conglomerado de más de doscientos  mil millones de estrellas; es una galaxia en forma espiral a la que pertenece nuestro sistema planetario, ubicado al borde de uno de sus brazos. La Vía Láctea es la primera gran relación Ruta Jacobea/Astronomía donde la huella del Camino de Santiago quedó marcada para siempre en los cielos, cuando, según la tradición, Santiago Apóstol se apareció a Carlomagno mostrándole el camino celeste de la Vía Láctea para conducirle a su sepulcro, sirviendo a lo largo de los siglos de guía a los caminantes hacia Compostela.

Según la tradición popular el ermitaño Pelagio, que vivía en un lugar conocido por el nombre de Solovio donde está actualmente la iglesia de San Fiz de Solovio en Santiago de Compostela, observó en el año 813 durante varias noches una impresionante lluvia de estrellas, resplandores y luminarias misteriosas que parecía provenir de una zona del cielo próxima al Pico Sacro y caían  en el bosque Libredón sobre un montículo. Extrañado y asombrado, este hombre comunicó tan maravilloso suceso al obispo de Iria Flavio, Teodomiro, que mandó realizar excavaciones en aquel misterioso lugar y tras el hallazgo del sepulcro,  reconoció que las redescubiertas reliquias eran las del Apóstol Santiago y las de sus discípulos Atanasio y Teodoro. El lugar fue bautizado como Campus Stellae (campo de estrellas), de donde deriva Compostela.

 

El rey Alfonso II de Asturias, tras recibir la noticia del hallazgo, ordenó la construcción de una capilla en dicho lugar que se convirtió gradualmente en un importante lugar de peregrinación.  Esta capilla fue seguida por una primera iglesia, en el año 829, y posteriormente por una iglesia prerrománica en el año 899 construida por orden del rey Alfonso III. Bernardo el Viejo, Maestro Admirable, y Roberto, inician la construcción de la Catedral Románica en el año 1075, bajo el reinado de Alfonso VI. Tras esta etapa inicial, diversos avatares suspenden o ralentizan las obras hasta que en 1211 se celebra la consagración de la Catedral con la presencia de Alfonso IX.

Otra de las muchas relaciones del Camino de Santiago con la Astronomía está asociada con el camino aparente anual del Sol que intercepta al Ecuador Celeste dos veces al año, ocurriendo alrededor del 21 de marzo (equinoccio vernal o de primavera)  y del 22 de septiembre (equinoccio otoñal). En el Camino de Santiago este evento astronómico queda especialmente reflejado en la iglesia románica de San Juan de Ortega, santo contemporáneo de Santo Domingo de la Calzada y que debido a su labor relacionada con la construcción fue proclamado patrón de los Aparejadores y Arquitectos. A San Juan de Ortega se le atribuyen innumerables milagros y, desde el aspecto arquitectónico, dejó como testamento de su maestría la edificación de una iglesia en el pueblo que lleva su nombre. Una obra de arte, mezcla de observación astronómica y técnicas arquitectónicas, donde la luz y el misticismo se elevan en determinados días del año. A las 5 de la tarde (hora solar), en los equinoccios y durante un periodo de 7 a 8 minutos, un rayo de sol penetra por una  ventana ojival y con asombrosa exactitud ilumina y recorre lentamente uno de los capiteles que representan la escena de la Natividad, la Anunciación y la Visitación. El evento es seguido por numerosos peregrinos y es conocido como el “Milagro de la Luz”.


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