Opinión

A propósito de Ronda. Cortar el puente…

Una pareja de turistas contempla la niebla desde el Puente Nuevo.

… jamás encontró un sitio en mis pensamientos. Bueno, me corrijo, una vez sí, cuando me peleaba por conseguir una depuradora aceptable para mi pueblo y respetuosa con el entorno pensé cruzar una cadena entre dos de sus balcones enfrentados, a mediodía. Compré cadena y candados pero me pareció mal fastidiar a mis convecinos. Esos adminículos me sirvieron para, poco después, encadenarnos en el fondo del Tajo intentando parar unas máquinas enviadas por Sentados irrespetuosos con nuestra Ciudad, parecidos a los de ahora.

Cortarlo no aparece entre las propuestas o alternativas que se me han ocurrido plantear queriendo proteger nuestro Casco Antiguo (caídas en el saco roto de nuestros Sentados) y mejorar las comunicaciones viarias de sus vecinos y de todos los rondeños en general. En mi opinión es aberrante, al menos en estos momentos, y sin razones objetivas para decretarlo. Especialmente al ser impuesto por puro capricho de unos pocos que, transitoriamente, ocupan sus cargos y no muestran el mínimo respeto a sus Súbditos.

Sí, he dicho súbditos. Es obvio que la consideración a los ciudadanos de la profesional Clase política no va más allá del engatusamiento necesario para conseguir sus votos, olvidando después promesas y compromisos y despreciando cualquier crítica que choque con sus decisiones. ¡Aquí mando yo!, es el aforismo que resume sus comportamientos. En nuestra democracia nominal los Sentados solo escuchan a los del Partido (si son de la misma facción), en especial al baranda. Y, siempre, a agradaores y engrasadores, a los últimos más. El resto debemos permanecer muditos o limitarnos a asentir sus propuestas para aplaudirlas después. Súbditos, no ciudadanos; así nos quieren.

Los ciudadanos rondeños libres que han hecho públicas sus opiniones han mostrado con pasmosa claridad su oposición al dictatorial corte del Puente en su inmensa mayoría, por no decir en su totalidad. Si viviéramos en una democracia real los ahora Sentados estarían de Pie antes del próximo día veinticinco. Fecha fijada a fuego por la camarilla mandante para la DUI, Declaración Unilateral de Incompetencia, con la que se ordenará su corte, dividiendo en dos una ciudad de larga historia y vida en común, creando enfrentamientos y discusiones entre vecinos que no podían imaginar tamaño desatino.

Esa historia y vida en común animó a nuestros ancestros a levantar la formidable y costosísima obra del Puente Nuevo y ahora, con su corte, unos iluminados obcecados nos van a segregar a como dé lugar. Después, si les da tiempo y se encuentran con ganas, a lo mejor se ponen a estudiar alternativas. Pero eso será otra historia. Tal vez una novela.

Novela televisiva de a mil y pico capítulos. Ni lo duden, ese corte está destinado a nosotros los Súbditos. Los Sentados, sus conmilitones, cómplices y asesores, familiares y allegados, cargos, carguillos y carguetes, tendrán pases especiales. Faltaría más. Sus demostradas filantropía, abnegación a toda prueba, dedicación y sacrificio por su ciudad así lo exigen. Tienen el tiempo muy ajustado. No pueden desperdiciarlo en fruslerías como dar vueltas buscando aparcamiento o calles abiertas para llegar a sus destinos; esa es tarea de siervos de la gleba, nosotros los súbditos, obligados a prepararnos y trabajar día tras día para vivir con esfuerzo.

El Sentado no vive así. Una vez afiliado al Partido, el que sea, no tiene más que dorar la píldora al baranda de turno para ascender sumisamente hasta llegar al sillón y ser un Sentado, aguantar un tiempo en la postura e intentar subir de grada, para al final conseguir (evidentemente por sus méritos) la dirección, secretaría o consejo de una de esas miles de empresas cuasi oficiales cuasi privadas. Un retiro bien pensionado, posiblemente también alguna que otra presea, será el broche de tan brillante carrera. Triste; triste y real.

Como verán no he explicado ninguna de mis propuestas pero no me encuentro en condiciones. Como ahora se dice estoy chocado. Me duele ver que los dirigentes de una ciudad con tanta historia y tradicionalmente culta hayan llegado a este sinsentido. Solo les apuntaré unas notas básicas necesarias para conseguir una vialidad lógica y funcional. Primero tres palabras que resumen los principios rectores: seguridad, comodidad y agilidad. Si los tenemos presentes es muy factible lograrla. Después una recomendación: es mucho más positivo y práctico obligar o impedir que prohibir. Y, finalmente, una evidencia: la mayoría del tráfico de cualquier ciudad mal planificada la forman coches que van de paso o que buscan aparcar. Si los quitamos de enmedio y facilitamos su búsqueda nos encontraremos en una balsa.

Terminaré con una adivinanza: ¿saben cómo se acaba con los coches mal aparcados? Parece un problema irresoluble, el que más quebraderos provoca a conductores y autoridades. Y, sin embargo, es facílisimo. ¿Lo tienen? ¿Sí o no? Lo diré: quitando el primero. A explicar mis propuestas.

Pero eso será otro día.


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