Opinión

Memoria/Llorando (Francisco Pimentel)

Todos los años, el día 1 de Noviembre, hacemos un homenaje floral a nuestros familiares asesinados por el fascismo. Durante muchos años hemos ido individualmente, recelando de todo y de todos, hasta que algunos familiares empezamos a hablar de hacerlo conjuntamente. No fue fácil y tardamos varios años en constituirnos como asociación y hacer un llamamiento público para que los familiares acudieran a la misma hora con ramos de flores.

Poco a poco han ido acudiendo más familiares, conforme han ido perdiendo parte del terror acumulado durante casi 80 años, con flores, con poesías, con sus recuerdos, a veces distorsionados por la propaganda franquista, a veces esperando que “nuestros” políticos cumplieran con su deber de recuperar la verdad, la justicia y la reparación.

A veces me han preguntado que por qué hacemos el homenaje el día 1 de Noviembre. Algunas personas nos han reprochado que lo hagamos ese día siendo una fiesta religiosa. Siendo la explicación bien sencilla: durante toda la vida los familiares de los fusilados-desaparecidos no sabíamos qué había pasado, ni cuando, ni donde, no sabíamos nada oficialmente. Al estilo de Esparta, los fascistas habían matado y hecho desaparecer a los mejores hombres y mujeres de nuestro pueblo y no sabíamos cuando lo habían hecho, ni donde, ni cuando.

Poco a poco y tiempo después, algunas familias se iban enterando de que posiblemente hubieran sido fusilados en la tapia del cementerio y arrojados a unas fosas en el campo colindante. Pero eran informaciones tardías, imprecisas y ocultamente confidenciales por el gran riesgo que suponía.

Ya he contado que mi abuela iba muy a menudo a las fosas llevándome de la mano, recogiendo las florecillas que había por el campo y arrojándolas al pasar disimuladamente por el sitio donde suponía que estaba mi abuelo. Pero nunca supo qué día lo habían matado hasta que en 1980 yo conseguí un certificado militar con la condena a muerte por “rebelión militar” de 44 rondeños el 14 de Marzo del 1937.

Pero para esas fechas ya se había adquirido la costumbre de muchos familiares de ir el día 1 de Noviembre a depositar flores sobre la gran losa de cemento que aparenta ser una sola fosa. Hay varios motivos para que fuera así, siendo el primero el desconocimiento de saber qué día asesinaron a tu familiar. El segundo era el miedo y la desconfianza a que te vieran los gerifaltes del franquismo. El tercero es que tu presencia en el cementerio pasaba desapercibida entre la multitud que todos los años acude en esa fecha a recordar y llevar flores a sus antepasados.

Era y es una fecha propicia para que muchas familias emigradas a otros lugares de la península o del extranjero vinieran a la fiesta de todos los santos. Fiesta milenaria anterior el cristianismo que como tantas otras la iglesia católica revistió de su falsa religiosidad para apropiarse de ella y hacernos creer que nuestros sentimientos humanos provenían de su divinidad.

Así este año de nuevo convocamos a todos los familiares para que traigan sus flores y también velas rojas, como el año pasado, que encenderemos durante el homenaje.

Aprovecho el final del escrito para informar de un acto importante que se va a celebrar en Córdoba: La Plataforma Cordobesa por la Comisión de la Verdad prevé proyectar el Lunes día 28 de Septiembre a las 19:00 el documental “Dejadme llorar. El genocidio olvidado” dirigido por Jordi Gordon. En él se recogen los testimonios de familiares desaparecidos por la represión franquista con testimonio directo de las investigaciones del historiador Francisco Moreno, asistiendo  también asistirá el juez Baltasar Garzón.


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