Opinión

Saber lo que no se quiere (Manuel García)

La visión es un sentido que permite al cerebro percibir las formas, los colores y el movimiento de todo lo que nos rodea. Con ello obtenemos como resultado una abstracción del mundo de nuestro entorno. Metafóricamente y por extensión, se puede definir la visión como la capacidad de entender, interpretar, conocer y en general, enterarse de cosas y situaciones que se nos plantean o presentan, dicho así, un ciego puede ser el que más vea. A resultas lo que recibimos con este sentido igual que con los demás es información que utilizamos para actuar según convenga y visto lo visto, la vista es con la que más vemos, es el sentido que más abarca, el más preciado porque los ojos se tienen abiertos todo el día recibiendo datos a la velocidad de la luz. Aún así nunca tenemos la certeza de haber visto con claridad lo pretendido a fin de hacer un juicio nítido y cristalino de los sucesos y las cosas porque el recelo siempre existe a la hora de tomar una decisión.

El sistema binario que emplean los ordenadores para operar, utiliza únicamente dos dígitos representados por el 0 y el 1, y con esas dos opciones se pueden representar todos los números existentes, o sea infinitos. Con ese uso y sistema opera igualmente nuestro ordenador, nuestra cabeza la que constantemente está diciendo a todo en cada momento que si o que no, llegando igualmente con solo esas dos opciones a los infinitos resultados producto de otras tantas cuestiones que se nos puedan presentar. Parece evidente y claro que tanta importancia tiene lo que se quiere como lo que no se quiere puesto que por eliminación una cosa te lleva a la otra, pero deteniéndonos un poco más en este método o criterio, si elegimos a una entre dos opciones, nos quedará siempre la duda de que si ha sido la mejor o no, pero si rechazamos con claridad a la que no queremos, la elegida habrá sido inequívocamente la mejor.

Para ir despacio y con los pies firmes será mejor desechar cosas que no queremos y que claramente no nos convienen porque no vayan en línea con lo pretendido, que acceder osadamente a otras que creamos convenientes con el alto riesgo de que no lo sean, cuando en casi todos los casos no haya posibilidad de dar marcha atrás.  Todos hemos vivido la educación que constantemente nos prohibía hacer cosas y que apenas de pequeños nos dejaba espacio para creatividad, toda ella era una creación del mundo de los mayores claramente convencidos de que lo mejor era rechazar lo malo, lo bueno ya vendrá solo. Así se crea en nosotros una conciencia por motivos de las leyes de otros, por alguien distinto al sujeto, pueden ser los padres, la autoridad religiosa o simplemente el miedo al castigo si no se cumple. Decir la verdad por miedo a las consecuencias de que nos pillen mintiendo tiene los mismos efectos que si la dices porque eres una persona integra y ello forma parte de tus principios aunque la valoración moral no sea la misma sino con matices.

Los individuos sin preferencia previa por una cosa u otra acaban optando por la tendencia mayoritaria, uniéndose al clan más numeroso y esto hace que el grupo acabe acumulando mucha información que frecuentemente utiliza para tomar decisiones conjuntas que producen así mismo conflictos de intereses porque en la masa, la gente se estorba entre sí. Mucho ayuda quien no estorba dice el refrán.

Recuerdo con mucha claridad el consejo que me dio un amigo en la adolescencia referido al lastre que producían los amores a esa edad y su repercusión en los estudios, porque te absorbía todo el pensamiento.

-Si te gusta una niña, -¡Huye y no seas tonto!


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