Opinión

Un torero en el Senado (José Juan Morales)

“Lo siento, me he equivocado y no volverá a ocurrir”, fin de la cita. Digo yo, que ya puesto, el Presidente podía haber parafraseado a su majestad para decir lo único que al final dijo el pasado jueves en relación al asunto Bárcenas, que era para lo que se había solicitado su comparecencia.

Y eso que empezó fuerte el gallego. A porta gayola, de rodillas en la puerta de toriles, a los tres minutos había pronunciado el nombre que todos esperábamos saliera de su boca desde hace 8 o 10 meses: Bárcenas. Pero la faena se fue diluyendo y fue “ratoneando” con datos económicos, que si tenía que frenar la erosión de España, que si vamos a salir de la recesión… lo que todos esperábamos, vaya, para qué nos vamos a engañar.

No, pero volvió a recuperar el tono altivo nuestro osado presidente para hacer gala de la forma de hacer política del siglo XXI, que es, como ustedes ya habrán comprobado el “y tú más” y lo hizo citando en numerosas ocasiones al líder de la oposición, Alfredito Pérez Rubalcaba, que debería recibir un premio por perder un debate en el que lo único que tenía que hacer era atacar con datos y preguntas a un señor que pretendía defender lo indefendible. Su discurso se basó en portadas de EL MUNDO y titulares de Pedro J. Ramírez, se lo curró muy poco el amigo.

Lo de Rubalcaba es que fue tan anodino que creo que en esta columna ya ha tenido más caracteres de los que merece. El caso es que Rajoy además de decir que se equivocó confiando en el hasta hace unos meses el que era su buen y fiel amigo Luis, se permitió el lujo de vacilar ante la moción de censura con la que amenaza el PSOE, “ tengo muy serias razones para pensar que no saldría adelante”, el tío es gallego, pero podría ser del mismísimo barrio de la Viña de Cádiz.

A mí una cosa que me llamó mucho la atención del jueves fue ver a Zarrías allí en el Senado y los sudores (imagino fríos) que le salían de la frente. Supongo tomaría buena nota de como defenderse de unas acusaciones de corrupción que son prácticamente innegables, que tome nota de lo del fin de la cita, porque hay muchas que le pueden valer.  Lo del “no voy a dimitir, ni a convocar elecciones” por ejemplo, o “a mí lo que se me pide es que me declare culpable. No se me piden explicaciones. Tienen ustedes su versión y por eso la mía ya no vale. Y yo no me voy a declarar culpable porque no lo soy”, esa es muy buena, la verdad.

El caso es que más allá de las ironías, salió vivo del delicadísimo trance Mariano y sin dar explicaciones, lo cuál habla muy mal de la oposición. Está muy bien pedir la dimisión, pero más productivo sería forzarla, que con los mimbres que hay puestos sobre la mesa, la tienen botando y en el punto de penalti. Rajoy que se ande con ojo, que ha salido viva de esta pero “se pilla antes a un mentiroso que a un cojo”, fin de la cita.


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