Opinión

Gestionar (Vanessa Melgar)

Dicen que una de las lecciones que vamos a sacar de la crisis se refiere, dicho coloquialmente, a la que saber mirar por el dinero. ‘Esta perrita para esto y esta perrita para aquello’, como decía mi abuela. La de no tirar el dinero, la de saber mirar él y conocer el valor del mismo cuando nos hemos tenido que apretar el cinturón. Y en el plano político espero que también sea así. Esta semana la actualidad nos ha dejado dos ejemplos que me han hecho pensar. En primer lugar, la pista deportiva del Olivar de las Mojas que el Ayuntamiento, como explicó la edil de Obras, Isabel Barriga (PA), ha eliminado ante las quejas de vecinos, ante las quejas de los que viven en el bloque que lindaba con dicha infraestructura deportiva que será sustituida por un parque biosaludable. Claro que el Ayuntamiento ha tomado la decisión acertada al quitarla. No hay derecho a que esos vecinos tengan que aguantar el ruido, los balonazos… en las paredes de su casa. Y claro que el resto de vecinos también tienen derecho a quejarse de que les han quitado una pista deportiva en su barrio. Es un retroceso en cuanto a equipamiento. Pero ¿de quién es la culpa? Para mí está claro. De los políticos que en su día no supieron gestionar correctamente y colocar allí la pista sin tener en cuenta que en el futuro podría malestar a los vecinos del inmueble. Y claro que duele el dinero que costó. Más de 50.000 euros dijo Barriga. Al final esto se convierte en una guerra política por culpa de una mala gestión y el resultado es que ya no hay pista deportiva y que hay malestar entre vecinos.

Segundo ejemplo. Las carreteras de la Serranía. ¿Alguien piensa que ahora, con la crisis, las administraciones van a arreglar las carreteras, van a poner solución a un déficit histórico? Hasta el propio Francisco Conejo, que visitó esta semana la ciudad, reconoció que cuando se podía haber invertido en nuestras carreteras, cuando había dinero y el problema pedía a gritos una solución, no se hizo.

En definitiva, son solo dos ejemplos. Confiemos en que el fin de la crisis (que algún día llegará, seamos optimistas) nos llevará a reflexionar, a darle valor al dinero, a no derrochar y a establecer prioridades conforme a nuestros problemas, tanto en el ámbito privado como en el público.


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