Opinión

El traje de la mentira (Manuel García)

Hay ocasiones en que lo que muestran y hacen ver muchas personas dista algo o bastante de lo que son en realidad, mantener este escenario por parte del que lo simula representa una tarea constante que generalmente dura toda la vida porque responde a lo que no es ni será, es una labor que nunca esta concluida sencilla-mente porque es un sinsentido igualar lo que se es con lo que se quiere ser al creerse poseedor de capacidades que no ha llegado a adquirir y por lo tanto las suplirá fingiendo.

Es algo contrario al principio de identidad, una antinomia porque nada puede ser igual a lo contrario. Para el protagonista no es tal el contrasentido porque finalmente el mentiroso de oficio termina creyéndose sus propias mentiras y con ello, su falacia se representa con éxito porque así, la persona se convierte en su personaje. Se suele decir de ellos que se han quedado pillados.

La mentira es un recurso que encubre y disimula algo que se desea que no se conozca por no ser adecuado para el perfil de persona y hechos que uno quiere representar. Si se utiliza concatenadamente se puede traducir en falsedad, bola, trola, cuento, enredo, y cuando se convierte en un hábito el protagonista no puede ser otro que un lioso farsante. Para mentir hay que tener memoria, dice el refrán y por ello ninguno está falto de inteligencia y juicio sino todo lo contrario, esto no es cosa de torpes aunque si es de tontos en su acepción adecuada. Suelen ser románticos, personajes despiadados, generosos fantásticos que en sus hábitos y costumbres, en el vestir y el andar emplean modos ficticios y estudiados, llegando a tener un dominio en su cuerpo y sus formas con el fin de embaucar, imitando a amantes y personajes de novelas. No siempre el apuesto es un desprendido, un generoso en todos los casos, a veces puede ser un usurpador de voluntades, un embustero, farsante, mentiroso, cuentista cuya misión es doblegar voluntades, puro retrato de la imagen de un burlador como el de Sevilla, primer intérprete de la figura del Don Juan. Vivir una vida fingida es una carga, es como llevar una lucha interna soportando la coexistencia de dos personajes que hasta se pueden odiar mutuamente. En la vida de la calle y del trabajo, el hombre por razones de su cargo se ha de regir por las directrices marcadas y sin otra opción queda atrapado por el personaje que le ha dado de comer a él y a los suyos haciéndola su forma de vivir. No todos somos iguales pero sí podríamos decir que todos participamos en distinto grado del teatro de la vida en el que la patraña, llamada mentira plástica, permite al sujeto fingir, alegar, exagerar, falsear y hasta disimular una subjetividad que cuando se aparta mucho de la realidad se convierte en una enfermedad. La fantasía de la imaginación es una cuestión muy delicada en el ámbito del peritaje forense y se necesita ser un gran experto para valorarlas. Los adictos al alcohol y a las sustancias psicoactivas representan un gremio importantísimo en este sector, porque en activo no solamente no reconocen estar fuera de la realidad, sino piensan que los que están fuera son los demás.


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