Opinión

Juicios paralelos (Manuel García Hidalgo)

Recuerdo la definición de paralelo que aprendimos cuando niños, es un concepto muy usado y siempre lo teníamos asociado a líneas que por mucho que se alarguen nunca se encuentran. Por causa de los medios de comunicación ya casi se asocia más lo paralelo a los juicios que a las rectas debido al debate de la audiencia en nuestras vidas. Con el poder de la opinión y pareceres de los medios han sido catapultados a la fama personajes que no saben ni hablar, gente que por la vía del estudio y el trabajo no hubieran llegado a ningún sitio. Por la utilización sesgada y parcial de la información que se deriva de los procesos, el público se convierte en jueces, abogados y fiscales y han condenado a personajes que la justicia ha absuelto y viceversa.

Aunque los juicios paralelos no tienen validez jurídica, sí mediatizan a los jurados aunque solo sea a nivel del inconsciente, haciendo muy válido lo escrito por Víctor Hugo en su obra Los miserables: “Lo que de los hombres se dice, verdadero o falso, ocupa tanto lugar en su destino,  todo en su vida, como lo que hacen”. La insuficiencia probatoria no se tienen cuenta en los juicios paralelos y a resultas se hace bueno aquello de que las cosas son más lo que parecen que lo que son y que no solo hay que serlo sino además aparentarlo.

En Inglaterra una persona estaba siendo juzgada por asesinato. Había evidencias indiscutibles sobre la culpa del imputado, pero el cadáver no aparecía. Casi al final de su alegato oral, el abogado, temeroso de que su cliente fuese condenado, recurrió a un truco: “Señoras y señores del jurado, señor Juez, tengo una sorpresa para todos”, -dijo el abogado mirando a su reloj: – “Dentro de dos minutos, la persona que aquí se presume asesinada, entrará en la sala del Tribunal por esa puerta”. Luego el abogado se quedó mirando hacia la entrada. Los miembros del jurado, el juez y todos ellos sorprendidos miraban también llenos de ansiedad. Transcurrieron dos largos minutos y nada sucedió. El abogado, entonces, finalizó diciendo: “Realmente, dije eso y todos ustedes miraron hacia la puerta con la expectativa de ver a la supuesta víctima. Por lo tanto, quedó claro que todos tienen dudas en este caso de que alguien realmente haya sido asesinado. Es por ello que les ruego que consideren a mi cliente inocente, ya que ante la duda el mismo debe ser declarado absuelto” (In dubio pro reo). Los jurados, visiblemente sorprendidos, se retiraron para la decisión final. Algunos minutos después, el jurado volvió y pronunció su veredicto: ¡Culpable!. ¿Pero cómo?, preguntó el abogado, “Yo vi a todos ustedes mirar fijamente hacia la puerta. ¡Es evidente que estaban con dudas! ¿Cómo condenan con duda?”. Y el juez aclaró: Sí, todos miramos a la puerta, todos los que estamos en la sala, todos menos su cliente. Moraleja: no sirve de nada tener un buen abogado si el gilipollas del cliente no colabora. -Quiero aclarar que la cita que he hecho en este escrito a Víctor Hugo en su obra Los Miserables no responde a ninguna pedantería sino porque investigando sobre las Islas Vírgenes, colonia de los ingleses, paraíso donde tienen su domicilio fiscal las empresas de la familia Pujol, me he encontrado que es la misma isla donde Víctor Hugo escribió su famosa obra Los Miserables, y ya de paso aprovechando el tiempo que nos brinda la crisis que pasamos, me he entretenido en leer un poco de ella.


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