Opinión

Lunares en la Ciudad Soñada (Antonio Sánchez Martín)

Que Ronda es una ciudad de una monumentalidad impactante lo demuestra el número de visitantes que pasan por ella al cabo del año. No solo por su historia o por sus incomparables monumentos, como su Puente Nuevo, su Plaza de Toros, y numerosos edificios que hacen de Ronda un atractivo turístico de primer orden; incluso su medio ambiente es, en sí mismo, un argumento más que se suma a esa monumentalidad internacionalmente reconocida.

Gran parte de ese mérito es de las autoridades municipales, -presentes y pretéritas-, que cuidan con esmero de que nuestro patrimonio se mantenga en perfecto (-o al menos adecuado-) “estado de conservación”. Por eso quiero advertir desde aquí de algunos “lunares” que desentonan en ese esmero; y no sólo de cara a quienes nos visitan (que a menudo pasan en Ronda pocas horas), sino ante los ojos y la comodidad de todos los rondeños, que somos en definitiva quienes la habitamos y convivimos en ella a diario.

El primero de esos “lunares” lo constituye el deplorable aspecto que presentan algunas fachadas de nuestra calle principal. No parece admisible que locales tan céntricos como el de la antigua Confitería Harillo presenten un aspecto tan indecente e insalubre como muestra la imagen, o la tapia de un cercano solar, también en la calle La Bola, que se encuentra en un estado similar; y ya digo, no sólo para quienes los visitan, sino para todos los rondeños que transitamos por ella a diario. El problema no parece difícil de resolver: -Brigada de limpieza y el clásico anuncio de “Prohibido fijar carteles. Responsable la empresa anunciadora”.

El segundo lunar (en este caso es más bien un “punto negro”), es el estrechamiento existente entre la calle Granada y la Plaza de los Descalzos, donde la angostura de la calle y los coches aparcados dejan un paso tan estrecho que provocan el atasco de algún camión o furgoneta, y lo que es más grave, con el evidente riesgo de atropello de algún peatón que se ve obligado a transitar por la calzada porque los coches se montan en la acera, o de alguna madre que no puede pasar con el carrito de su hijo, o de quienes se mueven en silla de ruedas y se ven obligadas a circular por la calzada por la estrechez de la acera. Nuevamente la solución parece fácil: -El clásico “Prohibido aparcar” al que tan aficionado suelen ser los Delegados de Tráfico-.

Y finalmente, el tercer borrón en medio del esmerado cuidado de la ciudad, es también de naturaleza insalubre. En su afán porque la recientemente remodelada Plaza de Carmen Abela luzca esplendorosa, nuestras autoridades municipales han concentrado todos los contenedores en la colindante calle de María Cabrera, a la que han convertido en una auténtica “Costa Basura”. Las consecuencias para los vecinos parecen evidentes: Debajo de cada una de las doce torretas instaladas hay un contenedor soterrado que los camiones de la basura sacarán a diario, volcarán en el camión y sacudirán varias veces. Así, una o dos  veces al día, con el consiguiente ruido en mitad de la tarde o en el silencio de la noche, con el insalubre polvo y el nauseabundo olor que se desprende, y con el consiguiente atasco para los conductores. ¿Han pensado nuestras autoridades en el perjuicio causado para los vecinos de la calle, o en la “depreciación” del valor de sus fincas? Porque no creo que sea un buen “argumento de ventas” para quienes quieran comprar o pretendan vender una casa o un piso en esa zona.

En este último caso la cosa tiene ya difícil solución, pero en las anteriores bastaría un simple “Prohibido Fijar Carteles” o un “Prohibido aparcar” para solucionar definitivamente los problemas. “Prohibir”, un verbo del que a menudo abusan las autoridades y que en estos casos no han sabido conjugar adecuadamente. Espero que por poco tiempo, tanto por la imagen de “la Ciudad Soñada”, como por el confort de todos los rondeños, a los que nos gustaría soñar más a menudo con una ciudad que no siempre es de ensueño.


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