Opinión

Amigo Luis, contestación a tu carta (María Jesús García)

Amigo Luis, he de confesarte que me sorprendió leer en la prensa lo que escribiste la semana pasada. Conozco, quizás no de manera directa, tu saber hacer y tu talante diplomático; valoro tus esfuerzos y entrega en la tarea evangelizadora dentro del mundo cofrade y de todos es conocida la disponibilidad de la Agrupación de cofradías,     que se muestra abierta al servicio de la comunidad cristiana rondeña.

Acabamos de terminar la celebración festiva que marca la esencia y razón de ser de nuestra fe. Todavía aletean los aires del Espíritu y quedan suspendidos los ecos sonoros que los romeros lanzaban a nuestra Madre, días atrás. Los  cristianos hemos renovado nuestra fe, recargado las pilas para seguir lanzando al mundo el mensaje más sorprendente y siempre nuevo: El amor que Dios nos tiene a cada ser humano.

Es este el único objetivo que tenemos los que nos sentimos llamados: Reconocer que Dios nos quiere por encima de nuestras limitaciones, miserias y devaneos. Puedo entender que los conflictos nos hagan a veces perder el principal y único objetivo que nos mueve: el amor.

La Iglesia de Ronda, buena parte de su feligresía, sabe apreciar y reconocer  el servicio y la entrega de sus miembros, cada uno en el lugar que ocupa dentro del envío y misión que ha recibido. Y todos, allí donde estamos enviados, cometemos fallos  y aprendemos cada día a superarnos. Pero también todos tenemos nuestros aciertos, y movidos por el deseo de construir el Reino, trabajos con ahínco. Por ello, considero que hay que valorar el trabajo de nuestro Arcipreste.

José Emilio no ha tenido una tarea fácil en nuestra Ronda. Durante nueve años, ha realizado labores pastorales complicadas: unificar parroquias, , reorganizar las tareas pastorales, aunar criterios, dinamizar la vida espiritual, Asambleas y retiros arciprestales, fomentar la comisión de juventud y de catequesis, la coordinación con los hermanos sacerdotes, abrirse a la Serranía y sobre todo ser puente de fluidez entre nuestra Diócesis de Málaga y Ronda, … y, sobre  todo, recordarnos a todos los que le hemos escuchado en sus homilías, la alegría que hemos de sentir por sabernos amados por el Padre Dios y el agradecimiento sincero ante tanto don entregado desde la gratuidad. Sus palabras cercanas, cálidas y llenas de sencillez evangélica han hecho que muchos recuperemos la esencia y entusiasmo de sentirnos cristianos, no hay más que pasarse un domingo cualquiera por misa de 12.30 en los Descalzos, por poner un ejemplo. Su preocupación por la formación, le han hecho alentar la Escuela de Agentes de Pastoral, tan necesaria para Ronda y su Serranía; siempre con coherencia, buscando lo razonable y lo verdaderamente  esencial.

No trato de enumerar aquí todo su trabajo, seguro que también habrá tenido sus desaciertos y errores, como todos, pero prefiero quedarme con aquello que me enseña desde la positividad y la esperanza. Seguro que otros vendrán que también dejarán su huella en el corazón de un feligrés, porque las cosas de Dios, amigo Luis, tienen esa sensacional virtud, que no podemos ni encasillarlas, ni manejarlas por mucho que nos empeñemos. El Espíritu sopla allí donde quiere y se posa allí donde se le espera con sencillez y esperanza. Nada es más importante que el amor, como nos recuerda S. Pablo  aunque eso ya  lo sabes tú, Luis.  Un abrazo, y mucho ánimo porque Dios sigue necesitando de tu disponibilidad y  la  de otros  para seguir llevando su Palabra  a quien quiera escucharla.

Mª Jesús García y otros tantos cristianos rondeños, como tú.


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