Opinión

Colega Dívar (Ángel Azábal)

Así se llama el presidente del Tribunal Supremo, o sea el general en jefe de los jueces de España. Con su carita de arcipreste y su verbo suave y quedo, así como a lo fraile dominico, el coleguita Dívar lleva un tiempo en el ojo del huracán en tertulias y periódicos por haberse cepillado en gastos de protocolo más de diez mil euros entre viajes, cenas, degustaciones chipén y pernoctaciones en ciertos establecimientos de Marbella, destacando, según se desprende de lo leído, el hotel Puente Romano, el Marbella-club Golf Resort & Spa y otros, casi siempre a la querencia de Puerto Banús.

Que ya puestos tampoco es cosa de baldarse los huesos. Y bendito sea usted, don Carlos Dívar, que tanto y tan bien mira por su cuerpo, pues por más alta que sea la institución que se encarne, antes hay que mirar por el pellejo propio que por el ajeno, y en eso, se lo digo de verdad, salvados los casos de Rato y Botín, nos lleva la delantera a todos: es usted el number one de los que con tantísimo acierto gastan el dinero público en mitad de una crisis que lo mismo se lleva por delante el piso de una anciana, que, por decir algo, traslada los Juzgados de Ronda hasta la Marbella de sus amores y desvelos.

¡Qué nos gusta dar ejemplo, don Carlos! Con la austeridad de Rajoy y sus muchachos, algunos tejen capas y capirotes; y sin pestañear, así como el que se hace una ñapa de fontanero, el presidente del Supremo, o sea usted, ha encasquetado en el debe del Consejo General del Poder Judicial unos millones de pesetas que pagaremos todos en concepto de gastos protocolarios, cantidad que supone bastante más de lo que cobra un funcionario del Ministerio de Justicia por año y pico de trabajo. Qué crisis ni qué pamplinas: lo primero es lo primero y nada antes que mantener el estatus de alto cargo y los gastos que de ello se derivan.

O sea, don Carlos, que nos ha bailado usted una conga de las de finde en Varadero, solo que vuecencia no tuvo que ir tan lejos y se quedó en Marbella. Eso es mirar por el sector turístico andaluz y lo demás son vainas, querido Dívar. Cinco tan pródigos como usted con los dineros del pueblo y conseguimos el pleno empleo en Andalucía. Por mucho menos le dieron la Medalla de Oro a la duquesa de Alba.

Sin embargo, una vez regresado a Madrid, se supone que ya repuesto de cualquier posible estrés o ansiedad devenida por mor de las trabajeras tan penosas que conlleva el cargo de presidente del Tribunal Supremo de las Españas en sus correrías por el Sur, se encuentra con que un tal Gómez Benítez, vocal del Poder Judicial, había interpuesto denuncia ante la Fiscalía General del Estado, arguyendo malversación de caudales públicos por seis viajes… y un puñadito de euros. Y es que uno no vive para sustos en lo que se dio en llamar “semana caribeña”: se trabajan tres días —un decir— y se descansan cuatro. Según la denuncia, don Carlos iba en AVE, clase club, y luego se trasladaba de Málaga a Marbella —sorteando manifas de proletas sin curro— con un séquito de dos o tres coches oficiales y entre cinco y siete escoltas, cuyos gastos también pagaba el Consejo. Ay del quisquilloso Benítez…

Así las cosas, el jueves pasado, día de María Auxiliadora y de los santos Donaciano y Rogaciano, se llevó el asuntillo al plenario del CGPJ resultando que cinco vocales pidieron la dimisión de Dívar y siete exigieron el cese del denunciante, y bueno, en fin, amigo Sancho, que tenemos lo que tenemos: o sea: un presidente gastoso que seguirá de presidente, los vocales continuarán cobrando de vocales, los Juzgados de Ronda camino de Marbella —y comisiones que vengan—, la vecina del segundo pendiente de un ERE, la del primero con un embargo entre los dientes, los escribientes y técnicos que en Ronda dependen de Justicia mirando alquileres fuera, el juez de Primera Instancia cobrando poco más que un chófer de Bisbal, Diego Cañamero de insumiso judicial, el Señor de Botsuana dando lustre al winchester, los maestros más que tiesos, los alumnos como piojos en costura y la Hacienda pública con esos trece mil euros de menos que el presidente del Tribunal Supremo se pulió cumpliendo la más estricta legalidad en cenas y tal vez en masajes capilares. Tomen nota nuestros hijos en paro.

Dados los austeros descansos de don Carlos Dívar sólo cabe decir que “si eso hace doña Justa, qué no hará doña Pecaora”. Y bendita sea la estampa del que tanto mira por su cuerpo con el dinero de todos.


2 comentarios en “Colega Dívar (Ángel Azábal)

  1. rondeño por su juzgado

    Más razòn imposible con tanto paro y miseria

  2. Josemari

    ole, los cojones, hemano, ¿ éstos no enseñaron?

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