Opinión

Abecedario (Pedro Enrique Santos Buendía)

Conjunto ordenado de letras que recogen los sonidos principales usados en una determinada lengua para formar palabras y oraciones que permitan comunicarse a los que la hablan y escriben.

Le pedí a La Voz de Ronda que me dejase expresar algunos pensamientos, reflexiones o críticas que, en el tiempo tan difícil que estamos viviendo, no podía mantener callados. Muy amablemente pusieron a mi disposición sus páginas semanales. Mi intención era hacer un recorrido apasionado, (esencialmente por Ronda aunque sin olvidar a todo el país en que convivimos), utilizando cada una de las letras de nuestro abecedario con la idea de remover, si se atrevían a leer mis artículos, las conciencias de nuestros convecinos. En mi humilde y parcial opinión, conciencias bastante aletargadas, relajadas o — y siento decirlo — muy pasotas. He llegado al final y me encuentro satisfecho de haberlo intentado.

Seguramente no habré conseguido lo que me propuse, por utilizar un lenguaje algo obtuso o retorcido. Tal vez, también, por pasarme de crítico, pero es una cualidad o defecto que me acompaña siempre y que no puedo dejar de lado. Buenos amigos me aconsejan siempre que me muerda la lengua y no diga lo que pienso porque con ello se me cierran muchas puertas, pero soy incapaz de seguir ese consejo. Si algo no me parece correcto, especialmente en el trato de la Administración al ciudadano, no me puedo callar.

Por otro lado soy muy independiente y, en la sociedad actual, eso no se consiente. La partitocracia dominante en la falsa democracia española no admite voces libres reacias a cualquier control. Hay que seguir consignas, slóganes y argumentarios sin rechistar y tragando sapos olvidando, cuando fuere preciso, ética y moralidad. Prácticamente todos los partidos que se han movido por Ronda han intentado colocarme en sus filas y casi con todos he colaborado para llevar adelante aquellos programas que me parecían positivos para mi Pueblo. Pero, al no poder silenciarme, después me han atacado por todas partes.

Buena gente me ha pedido que formase un grupo independiente prometiéndome su apoyo incondicional, pero me resulta imposible. El pensamiento libre e individualista me habría obligado a dimitir en cuanto tuviese otros partidarios en el grupo. Ya no sería independiente.

Mi hija Lucía, correctora de mis fallos léxicos y freno de mis excesos verborréicos incluso en la distancia, me dice que he ido derivando hacia un gran pesimismo argumental. Y es verdad. Pero yo le digo que la situación a la que hemos llegado por la ceguera voluntaria de muchos de nuestros dirigentes, por la desvergüenza de otros muchos, por la cleptomanía de bastantes, por el pecado de omisión y el silencio cómplice de las camarillas partidarias y por una generalizada cortedad de miras en propuestas y actuaciones, es insostenible y no se puede ocultar. Y, sobre todo, por la ausencia de una Justicia Justa, (perdón por la aporía), tragedia mayor que puede sufrir una sociedad al resultar  condenado siempre el más débil y salir incólume el poderoso, (en caso de duda mirar a la Junta).

En fin, quiero terminar con una retahíla de deseos positivos. Deseo que no suframos más dioses locales, ni generales. Deseo que los ocupantes del Sillón defiendan a los ciudadanos y no a sí mismos. Deseo que los barandas de turno se bajen al nivel de calle. Deseo que los mandamases se autodespidan. Deseo que la opinión de un ciudadano tenga la misma consideración que la del gerifalte. Deseo que la ética rija las decisiones de la Administración. Deseo que desaparezca el silencio condescendiente en los partidarios. Deseo que el odio al contrario se sustituya por el diálogo argumentado. Deseo que los Sentados vivan de su trabajo, no de su cargo. Deseo que desaparezcan las subvenciones a las actividades políticas o sindicales. Deseo, finalmente, que mis convecinos miren al poderoso con ojos escudriñadores, escuchen con oídos discriminadores y hablen sin temores.

Les deseo suerte, salud, trabajo, participación, futuro y alegría familiar. Y que hablen, pidan y exijan con todas las letras del abecedario.


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