Opinión

Están que se salen (Ángel Azábal)

Los tercios peperos apuraron la gloria con el inefable Trillo (recuerda: Perejil: las del alba serían…), fueron a más en Irak (Bush Jr. & Aznar Sargent dándole a la birra), pillaron fuelle cuando Margallo reclamó Gibraltar —de boquilla— ante la Gran Bretaña y, bueno, por fin enviaron ayer a las Malvinas lo que queda del Dédalo; la Pinta y la Niña pusieron proa al mar del Plata, mientras la Santa María carga dos banderas de la Legión dispuestas a amarrar la cabra al pecio de Repsol en la Argentina. Que así defienden los intereses patrios los nietos de don Juan de Austria.

Mira que hay gente inteligente en el PP… Pienso en Gustavo de Arístegui y Jaime Mayor, por ejemplo, pero nada, Sanrajoy enciende el puro, se calza las pantuflas y pone de ministros a una tropa que no da una. Pero es que ni una. Primero sale Mr. Soria y nos garantiza, con el verbo huero que Adonai le dio, que los antojos de la Cristi están encauzados y, por tanto, Repsol seguirá chupando petróleo de la Patagonia. Horas después asoma Soraya —en tromba, como es ella— para decir que los paisanos de Messi se han quedado hasta con las fotos de Perón al nacionalizar YPF. No conformes con esto, aparece nuevamente Margallo y, en tono amenazador —¡tiembla, Argentina!—, suelta que “al tocar una empresa española, los argentinos se han dado un tiro en el pie”. Ay, Margallo, Margallo, a los que nos han dado un tiro en salva sea la parte es a nosotros, que nos quedamos con el culillo al aire delante de los hermanos de Hispanoamérica, y tan desnudos y tan solos que damos pena en nuestro papelón de cornudos apaleados. ¿Será Telefónica la siguiente? ¿O caerá el Santander?

Valor y al toro, Mariano: a poco que te esfuerces nos echan de la Unión Europea, Mohamed se levanta las Canarias, Portugal entra en Olivenza, las Alpujarras se hacen argelinas y los ingleses nos fichan para la Commonwealth. Ya ves: ni rey, ni elefante, ni alemana.
Este país que otrora fuera Iberia, después Hispania, Sefarad para algunos, al-Andalus para otros, hasta llegar a Felipe II, se va al garete. Vamos, que dos collejas como las de los argentinos y acabamos en los Balcanes. Huele a 1898: sólo faltan Unamuno y Maeztu azuzando para que el personal llore Cuba, Filipinas, Puerto Rico y la isla de Guam. Uno no quiere ser pesimista, pero o se pone freno a la descoordinación del Gobierno y se censa a tanto gilipollas —de todos los colores— como anda suelto o aquí, en un año, acabamos como Serbia, pero además con corralito.
Es imposible salir del charco a costa del sintrom de los jubilados o negando ayudas a las madres solteras. Así que mientras no pongamos al Estado muy por encima de los partidos, haciendo piña frente a esta ruina interminable, seguiremos donde estamos, a saber: en manos de cuatro listos que se lo llevan crudo con el cuento de la crisis. Y ese es el problema. Y esta la paradoja: la muchachada de Sanrajoy llegó a la Moncloa con el voto de muchos proletas hastiados de un PSOE a la deriva, y hoy les devuelve el apoyo con genialidades como las del ministro Wert: Educación: Antología del Disparate. Se ríe, sonríe y ¡zas!, cuando te quieres dar cuenta tiene liado un guirigay en las aulas que ni el hundimiento del Maine. Ni rey, ni alemana, ni elefante.

El ministro de Educación hará Historia por sus planes para ahorrar —es un decir— 3.000 millones de euros. Cuesta creer que el cálculo lo haga alguien que estudió en el selecto Colegio del Pilar. Pero donde la clava es en la genialidad de meter 30 zagales de primaria donde ahora hay 25; 36 de secundaria donde ahora hay 30… Más ancho que largo. Y así hasta jurarnos que tales medidas no merman la calidad de la enseñanza. No hablaré de elefantes, dicho está. Que hable Wert, callen los sabios y huyan los alumnos por las ventanas de los centros públicos, porque el curso próximo tocarán a medio metro por barba y ya mismo las clases se van a dar como en Malawi: a la luz de una vela. Románticos ellos: pura magia: el PP perdona a los ricos que esconden las pelas en Andorra, se deja gobernar por la Cristi, le roba el clamoxil a los ancianos, remata lo que quedaba de enseñanza y nos pide patriotismo. ¿Hablo del elefante, de Sanrajoy o de la alcaldesa de Ronda y su “cajita de Pandora”? La culpa, de las izquierdas, faltaba más.


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