Opinión

La última bala (Antonio Sánchez Martín)

Termina la campaña electoral andaluza y, tal como pintan las encuestas, para casi todos los candidatos que se presentan supone su última oportunidad; la última bala del revólver para seguir vivos en la vida política. La escena recuerda al duelo final entre el Bueno, el Feo y el Malo, la película de Sergio Leone donde los protagonistas se enfrentan por hacerse con el tesoro escondido en el cementerio de un remoto pueblo del desierto.

A primera vista, es a Javier Arenas a quien parece que le irán mejor las cosas, aunque también es el que más se juega en el envite, pues es la cuarta vez que se presenta y de fracasar en el intento no parece que ni su partido ni los electores opten por darle una nueva oportunidad. Su única garantía es la mayoría absoluta, algo que a falta de 48 horas para que se abran las urnas no todas las encuestas le aseguran, porque se desconoce la magnitud del voto de castigo que los electores tienen reservado contra el partido socialista.

Y quien en principio parece que lleva las de perder, es José Antonio Griñán. El candidato socialista llega manco al duelo, tullido y con el brazo en cabestrillo por el escándalo de los EREs, -asunto que cada vez le amenaza más de cerca-, y por el millón y medio de parados que lastran su gestión. Al igual que Arenas, si Griñán no logra alcanzar un pacto de gobierno es hombre muerto, pues sin el aval del poder cualquier revés judicial acabará con su carrera política y puede dar con sus huesos en la cárcel.

El tercero en la contienda es otro veterano de la política andaluza, Diego Valderas, al ya rechazaron alguna vez los votantes cuando fue candidato a la presidencia de la Junta. Aunque se espera que Izquierda Unida incremente su representación por la sangría del PSOE, su supervivencia política depende del fracaso de Arenas y de un posible pacto con los socialistas. Igual que los andalucistas, a los que, tras su ausencia del Parlamento en la pasada legislatura, las encuestas le auguran dos escaños; una representación que se antoja insuficiente salvo que la aritmética les convierta en imprescindibles para un pacto contra el Partido Popular.

Tal vez a los andalucistas les perjudique el excesivo escoramiento hacia la izquierda que han imprimido a su campaña en un intento por captar el voto de los descontentos con el PSOE, y tampoco les beneficia haber servido de salvavidas del PSOE en legislaturas anteriores; y menos esta vez, cuando todo hace presagiar que los votantes apartarán a los socialistas del gobierno andaluz. Una pena, porque tanto Pilar González como Isabel Barriga son dos mujeres de valía que no deberían perderse para la política andaluza.

De todos los partidos, el que tiene poco que perder y mucho que ganar es UPyD, aunque su representación va a depender de la dispersión del voto. Si Arenas no alcanza la mayoría absoluta será porque los escaños que le falten hayan ido a parar al partido de Rosa Díez, que de este modo podría jugar un papel fundamental si, como habitualmente manifiesta la veterana política, apoyan a la lista más votada para respetar la voluntad de los votantes y garantizar así la estabilidad del nuevo gobierno.

Finalmente, seremos los electores los que dictemos sentencia, -otros que siempre andamos cortos de munición-, porque sólo disponemos de una bala cada cuatro años. Por mantenerme dentro del contexto cinematográfico del artículo, diré que los votantes han aprendido a no malgastar la escasa munición y unen sus fuerzas para “fusilar” con sus votos a los políticos incompetentes y corruptos; de ahí las mayorías del Partido Popular que arrasaron al PSOE en las municipales y en las últimas generales y autonómicas.

Merced a que las encuestas le dan como ganador, el candidato popular, Javier Arenas, viene repitiendo en la campaña que si llega ser a Presidente de la Junta no piensa permanecer en el cargo más de ocho años. Loable decisión, pero eso será primero si sale vivo del duelo del domingo, y luego, dicho sea con el debido respeto de los votantes, -que ya veremos a quién votan dentro de cuatro años-, pues entonces el Partido Popular no contará con el voto añadido del desencanto socialista.

Hasta que llegue ese momento, Sr. Arenas, le dejo cuatro consejos que le ayudarán a revalidar en su día la confianza de los electores: Humildad, para reconocer los errores; eficacia en la gestión, y para conseguirla rodéese de los mejores; -pero no de los mejores amigos, sino de los más competentes, aunque no sean militantes de su partido-; sea intolerante con la corrupción y, finalmente, cumpla todas las promesas; entre ellas la autovía Ronda-Antequera.


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