Opinión

La Lomana, ossssea (Ángel Azabal)

Como alguien tiene que comerse el marrón que tenemos en lo alto desde que la vieja Europa cambiara a los políticos de raza, ya sabes, Adenauer, Brandt, Churchill, De Gaulle, Mitterrand, Felipe, la Thatcher, Prodi, el bueno de Palme y así, por banqueros y contables que no tardarán en mostrarse tal cual son, ossssea, meros sirvientes de la gran banca, de todas las bancas, pues qué quieres que te diga, que es casi seguro que Mariano pillará las llaves de Moncloa y se dispondrá a decirnos que la cosa está fatal. Que los chinos son muchos chinos. Que los indios ídem de ídem y que el petróleo anda por las nubes. Que el profesorado tiene que lidiar con quienes gustosos meterían fuego a Gutenberg después de pasar siete horas —interminables—oyendo —que no escuchando— las hazañas de un tal Pitágoras. Que hay más paro que en el 34… Ossssea, tú, que nadie espere milagros. Lomana dixit.

A uno, que en el fondo es un adicto a la utopía, pues eso, que se me ocurre una gilipollez que escribo a sabiendas de que algún lector se va ciscar en mis parientes más próximos. Y es que uno es un gil que dice lo que piensa y pocas veces piensa lo que dice. Ossssea, que pido se decrete la obligatoriedad de dedicar un día al mes a servir a la comunidad. Y el Urdangarín por delante. Sólo un día, que tampoco es cosa de herniarse. Niños incluidos. Reparación de caminos, pintado de quitamiedos, ayuda a minusválidos, asfaltado de baches, limpieza de cunetas, plantación y posterior cuidado de árboles, sin olvidarnos del riego; arreglo de goteras en los colegios, poda de jardines, recogida de plásticos, eliminación de chicles, limpieza de los márgenes de ríos y arroyos, recuperación de fuentes, parcheado de aceras, etcétera, y más… Con un solo día mensual que dedicara cada uno de nosotros a servir gratuitamente a la colectividad nos ahorraríamos una pasta que podríamos dedicar a sanidad, educación y a dependencias varias. De manera que la cosa tiene remedio, pero hay que regresar al amor por lo público, al sentido histórico de lo que fue del común de los vecinos, volver en Fuenteovejuna.

El cómo se lo tomarían nuestros hijos esto de trabajar por la cara y por el bien de todos es otro cantar. Cómo decirle a uno de los Héroes de la Sevillana, cómo ordenar a uno de los Sibaritas del Botellón que el sábado toca coger azoleta o brocha o manguera y ponerse al servicio de la comunidad para devolverla una parte minúscula de lo mucho que se les viene regalando desde el mismo día en que nacieron. A ver quién tiene huevos de llevarlos a plantar encinas o chopos o a limpiar caminos o a asear alcantarillas sin cobrar ni un puñetero céntimo con que cargar el aifon o la blacberri de los estúpidos chateos. Y los padres los primeros, que esto hay que tomarlo en plan ejemplo, ossssea. Si alguno de estos héroes adolescentes se quedara dormido, se le envía al domicilio la Banda Municipal y que le toque las Mañanitas del Rey David, pero a las 8:30 dándole con la hoz a la zarza.

Eso, lo de Fuenteovejuna, es lo que me gustaría que me dijeran el lunes Alfredo y Mariano, después de darse un piquito Benetton a las puertas del Congreso. Y que cunda el ejemplo. Se acabó pedir al Estado —y los ayuntamientos lo son— aquello que podemos darnos nosotros mismos. Pero como por algo hay que empezar y el ejemplo es siempre santa medicina en cuestiones de sociedad, propongo que nuestros veintiún concejales marquen un día, antes de Navidad, para reponer los tilos del Paseo de Orson Welles, que ahora están perdidos, secos o con los alcorques vacíos. Mano de santo, bálsamo de Fierabrás. Obama frena una campaña electoral y cumple con el día de la comunidad, y para mí que manda un taco… Bastaría este simple gesto por parte de nuestros barandas municipales para que nosotros y nuestros hijos tomásemos buena nota de la importancia de lo público. Porque de esta no salimos por más votos que tenga Mariano, como tampoco bastan los buenos deseos; del ruinazo que tenemos en las Hispanias o salimos juntos y con una nueva cultura del esfuerzo, ossssea de la cosa colectiva, o acabamos dándonos cogotazos los unos a los otros. Que los chinos, como dice Mariano, son muchos chinos. Y los indios ídem. Alcaldesa, instituya vuecencia el Día de la Comunidad, que ya verá el éxito que tiene esto de trabajar por el morro y los demás.


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