Opinión

La vida sigue (Ángel Azabal)

Tiro de Constitución y os supongo inocentes de todos los cargos que se os imputan. Más aún: deseo que todo este barullo de sirenas, furgonas de picoletos, lecheras de maderos y luminosos y llantos histéricos y risitas nerviosas y carreras apresuradas quede en nada. Todos tenemos hijos y una madre que nos quiere. No hagamos juicios paralelos; hablemos de política.

A estas alturas del tango no sé qué es exactamente lo que habéis hecho —o dejado de hacer— pero dais pena, mucha pena, vosotros y los que en su día propiciaron una aventura por la que nueve concejales del PA —declarados tránsfugas— se integraron, es un decir, en el PSOE rondeño, cuestión ésta que no se preveía en los acuerdos iniciales. O sea que la política del chusco nos daba lo que habían negado las urnas. Después vino la desbandada de concejales, los ceses y la visita del motorista. Trepas a la carrera… ¿De las Merindades vengo (¡agua!), a los Eroski voy (¡azucarillos!) y tiro porque me toca (¡aguardiente!)? Pedazo sainete de caspa y cachiporras.

Que cada palo aguante su vela. ¿Dónde estaban algunos cuando un puñado de suicidas nos jugábamos el tipo denunciando en los medios de comunicación las desvergüenzas políticas de aquel “Yo a Toti” que ponía a la persona muy por encima de las siglas? ¿Dónde estabais cuando éramos perseguidos en La Gaceta por no callarnos ante lo que se veía venir? Era tanto el miedo… Y si no, léanse mis artículos de los últimos seis o siete años, repásense nuevamente las intervenciones en radio y televisión del que esto firma y de un puñadito más, y se descubrirá que llevábamos demasiado tiempo advirtiendo de lo que finalmente acabó sucediendo, si bien es cierto que algunos de los detenidos para mí que sufren pena más por pardillos que por otra cosa, y si no al tiempo.

Miedo me da pensar que vosotros, los que mirabais desde lo alto de los poderes más poderosos, dueños ya de la Casa del Pueblo, y hablo de este mismo verano…, los que ibais de sobraos gritando en la asamblea que el Candidato Toti —con mayúsculas— estaba “tocado por el dedo de Dios” (sic), los que os veíais de mascas vitalicios quemando la guita del pueblo con la ligereza de neroncillos manirrotos, los que bebíais vinos putamadre a costa del personal echando, de paso, barrigas obscenas y sebosos brillos delatores de un tren de vida que os hacía tomar el buga oficial para recorrer dos o tres centenas de metros; vosotros, los que entrabais en el Ayuntamiento como si de un cortijo se tratara, los que nos mentisteis tanto y con tanto arte que os quedasteis a vivir en Mentira City: fotos, fotos, fotos y purpurinas en los balcones con el nombre del Tronco que nos trajo la ruina… Vosotros y sólo vosotros sois los responsables de esta Ronda dividida en banderías, responsables sois de esta desolación y de la calamidad que nos cercan.

No obstante, sin embargo y a pesar de todo, mis únicas cuentas pendientes con vosotros y los de vuestra cuerda son de tipo político. Lo demás está perdonado y más que olvidado. Tampoco sé, ni me importa demasiado, el montante de lo supuestamente birlado, conseguido o apañado. Porque no es eso lo que interesa. A mí, en estos momentos, las que me interesan son vuestras familias, que deben estar padeciendo un calvario de magnitudes cósmicas. Y pregunto: ¿De verdad es tan gorda la cosa que justificaba la detención en presencia de familiares? La democracia se funda en los buenos modales, porque todos tenemos un mal día y un rincón en el pecho donde guardar las propias miserias. Si se confirmaran los cargos (Adonai no lo quiera), tiempo tendréis para salir del hoyo, pedir perdón, rehacer vuestras vidas y, si procediera, pagar con vuestra hacienda los botijos rotos.

Y ahora, qué. ¿Qué debemos hacer los socialistas rondeños? Lo primero, pedir clemencia al pueblo por lo que no hicimos, pero que sí han hecho a nuestra sombra los capos y los panolis que se comen el marrón de las malas compañías. Perdón también por nuestra tardanza en reaccionar ante unos modos dictatoriales que imposibilitaban la convivencia y hasta los buenos días.

Sin embargo, ya digo, la inmensa mayoría de la militancia del PSOE rondeño es gente honrada que siente lo sucedido como una herida de proporciones siderales. Vergüenza es la palabra que mejor define nuestro estado de ánimo ante los trapicheos políticos —y no políticos— de esta panda de chiquilicuatres. Porque Ronda no son estos tipos. Ronda es una ciudad con gente normal que hace cosas normales dentro de la normalidad más normal, y por más que, esta vez, algunos pudieran haberse ciscado en su buen nombre y en su limpia imagen.

Tránsfugas, trajinantes, correbocas, vividores, tragaollas, gorrones, medias gorras y gorras enteras… ¡Irse al carajo! Si se confirmasen las acusaciones, habrá que limpiar la sede socialista de cualquier detalle que recuerde que alguna vez estuvieron dentro los que ahora andan en las penumbras del calabozo. Borrar su memoria, olvidar que una vez quisieron darnos lecciones de ética socialista desde la tribuna de la asamblea. ¡Ellos!

Y si el partido tiene dos dedos de luces, sabrá vertebrar un grupo sólido en torno a eso que se dio en llamar “sector crítico frente a Toti”… y sus ocurrencias; un grupo capaz de argumentar ante los compañeros de Málaga, Sevilla y Madrid que Ronda no necesita una gestora con paracaidistas de fuera. Porque aceptar una gestora (tele)dirigida sería tanto como asumir que Ronda no tiene suficientes socialistas honestos como para recomponer los destrozos causados por una recua de supuestos trajinantes.

O sea que presunción de inocencia, sí; razones antes que vendettas, desde luego; y todo el respeto para las familias de los acusados. Aunque no menos y también una gestora aliñada con militantes de Ronda: la tropa que le planta cara al sátrapa y a sus júligans desde mucho antes de las elecciones… Málaga y Madrid deben saber que en el PSOE de Ronda hay militantes decentes en número bastante para reconducir una situación que sólo se puede describir con aquello de “entre todos la mataron y ella sola se murió”.

Dicho queda. La vida sigue. Y putita la mona: lo que más asco da es que aquellos que más os deben, aquellos que besaban vuestra mano hasta ayer mismo, hoy, al saberos camino del calabozo, os maldicen con el gorigori casposo del que espera al nuevo masca para comerle las babas, por no decir otra cosa. Algunos, en cambio, echamos mano de San Juan: pedimos responsabilidades políticas y nos dolemos por vosotros y vuestras familias. De las otras responsabilidades ya se encargarán los jueces. Gloria transit y demás latines.


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