Opinión

De lo más banal (Andrés Rodríguez Torres)

Tengo que reconocerlo, admitió Carlos, ansiaba este encuentro. Afirmó mientras se sentaba con la mirada fija en su invitado.

No creas que me asustas, replicó Manuel una sonrisa forzadamente burlona.

C -Y, ¿Cómo dices que lo descubriste?

M -¿Disculpa?

C -Tu facilidad, tu potencial. Dijo con cierto desdén.

M -No voy a permitir que me presupongas un ego con asiento propio.

C -Por favor, no leas entre líneas, solo responde.

M -Si te dijera que fluctúo entre la superioridad y la auto-compasión, ¿Me creerías?

C -Dudaría, sin duda. Pero supongo que terminaría comprendiéndolo. Sin embargo, no concibo tu constante necesidad de ser reconocido.

M -Parece estúpido verdad. Te aseguro que lo es, pero ¿No decrece en cierta medida esa estupidez al ser asumida como tal?

C -Reconocer tus miedos dices. Lo más me asombra de la vida es que nunca terminaremos de madurar.

M- Respondiendo a tu pregunta, te diré que en el preciso instante en que sentí ser el mayor de los necios, comprendí el alcance de mi potencial.

C -Has respondido, no lo niego. Pero me surge otra cuestión; ¿Cómo aceptas lo incontrolable?

M -Directo a lo fuerte. Ni si quiera calentamos.

C -Perdona, ¿Lo necesitas?

M -¡Por favor! Pretender tal cosa es ponerse en evidencia a uno mismo.

C -Asumes tus limitaciones, tan loable como patético.

M -No seas ignorante, no puedes aspirar a resolver algo que no comprendes.

C -Te quedas en lo obvio, ¿Sin el planteamiento de una pregunta compleja existirían el desarrollo médico o tecnológico actuales por ejemplo?

M -No me hables como a un inepto, comprendo tu postura, pero no la comparto.

C -Lo siento por ti, claramente soy más perspicaz que tu.

M -A tu juicio.

C -No necesito ningún otro.

M -A veces no sé cuando bromeas.

C -Tranquilo, me pasa igual.

M -¡Siempre tan amigo de la ambigüedad!

C -No necesitas ser siempre transparente para ser correctamente interpretado.

M -La complejidad, una forma sutil de destacar.

C -Te equivocas, es una forma sutil de huir.

M -Pero, ¿No es ya suficiente complejo el mensaje que también tienes que encriptar el código?

C -Quizás resulte ilógico, o incluso más complejo, pero si te sientes bien porqué no hacerlo.

M -Dudo mucho que sepas lo que en realidad piensas al respecto.

C -Y quién si. No doy crédito a lo que voy a afirmar, pero no quiero llegar a saberlo.

M -El grande, envestido y derribado por palabras.

C -No subestimes las palabras, hacen más daño que las armas, no lo olvides.

M -Mi pretexto de conversación se ha acabado.

C -El mío se ha enfriado.

M -Como dicte pues el café.

C -¡Hasta la próxima amigo! Exclamó Carlos mientras acompañaba a Manuel hasta la puerta.


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