Opinión

Rubalcaba y los tratantes (Antonio Sánchez Martín)

A algunos políticos les pasa lo que a los tratantes de ganado, que de puro viejos en el oficio son capaces de hacer pasar a un rucio añoso y torpe por un brioso corcel. Tanto empeño le ponen algunos en simular y parecer lo que no son, que escuchando al vicepresidente del gobierno, y ahora candidato del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, cualquiera diría que estamos ante un nuevo Felipe González y no ante quien lleva treinta y siete en la política y siete en el gobierno.

Hasta ahora, los candidatos, por tal de llegar al poder prometían de todo en campaña electoral: Pleno empleo, cheques bebés y toda clase de subvenciones que, como si fueran fuegos de artificio, cuando estallaban dejaban el aire lleno de humo de colores… el aire postelectoral, claro está. Pero hasta ahora nadie había intentado el “más difícil todavía”: Prometer lo que hará cuando gobierne, sin explicar por qué no lo hizo cuando estuvo en el gobierno y pudo hacerlo.

Los socialistas presentan a Rubalcaba porque no tienen a otro candidato mejor, ni tiempo para andar de congresos extraordinarios ni primarias. Las elecciones están encima y Zapatero ya es un cadáver político, tan corrompido que apesta electoralmente; así que, como aquellos tratantes de ganado, a los socialistas no les queda más remedio que limarle los dientes al viejo candidato para que parezca un rucio nuevo.

Reconozco que algunas propuestas de Rubalcaba suenan bien: Meterle mano a los bancos, reformar la ley electoral… pero, por qué esperar seis meses si se puede hacer ahora. Hasta que uno cae en la cuenta que quien lo promete no es un candidato normal que aspira a conseguir el poder para transformar España, no. Quien lo promete ha sido cómplice de José Luis Rodríguez Zapatero, -el más inepto de los gobernantes que jamás conocieron los españoles-, ha estado a su lado apoyando sus nefastas decisiones y es tan culpable como él de arruinar a España. Ese es el candidato que ahora promete arreglar lo que el mismo ayudó a destrozar.

Para evitar el descalabro electoral, los socialistas pretenden exonerar de cualquier responsabilidad a Rubalcaba y han convertido a José Luis Rodríguez Zapatero en un tonto político a quien echarle la culpa de todos males. Me imagino, que si lo consiguieran, a los votantes se le quedaría la misma cara que se le quedó a aquel arriero al que engañaron los tratantes, cuando el incauto descubrió que el mulo de buen porte que compró la tarde antes estaba lleno de mataduras y se ahogaba en las cuestas, y que más que un potro joven era un jamelgo añoso y carne de matadero.

Aunque parezca una tomadura de pelo, la apariencia de aires nuevos que trae Rubalcaba encierra mucho peligro; el peligro de que los avergonzados votantes socialistas decidan movilizarse y apoyar de nuevo al PSOE, impidiendo la mayoría del Partido Popular; al que por otra parte le estaría bien empleado por dejar pasar el tiempo mirando como se ahoga su adversario, en vez de haber intentado por todos los medios pactar una moción de censura con la oposición.

Lo que pasa, es que el PP no tiene prisa por llegar al poder, y de este modo obliga a los socialistas a que sean ellos los que hagan el trabajo “sucio” y tomen las medidas más duras e impopulares frente a la crisis, recorten las pensiones, bajen el sueldo de los funcionarios, nos alarguen la vida laboral o nos suban el IVA. Y, aunque parezca un sarcasmo, esa ruina descomunal que nos dejan incluso puede beneficiar a los socialistas en la campaña.

Sin arrieros incautos los tratantes de ganado no tendrían negocio ni habrían existido; pero votantes incautos y de fácil convencer, como los arrieros de antaño, sobran en España. Y además de los incautos, sobreabundan los impacientes… los que no entienden que una ruina así no se levanta de la noche a la mañana y en apenas seis meses van a exigir que se acabe el paro y que España sea la que era antes de la crisis.

Y en cierto modo no les falta razón a esos arrieros metidos a votantes… porque aunque en los ayuntamientos, -caso del de Ronda-, los populares se hayan encontrado con ruinas mucho mayores de las que esperaban, ya lo sabían, y ahora de poco sirven los lamentos ni pedir paciencia a los votantes. Eso no es excusa porque al gobierno hay que llegar con un plan alternativo y sobre todo con medidas de urgencia previstas de antemano.

Es natural que la gente quiera cobrar sus facturas y recuperar su empleo cuanto antes; y seis meses en política, -que son los que van a transcurrir desde las municipales de mayo hasta finales de noviembre, cuando se celebren las generales-; seis meses, -digo-, es tiempo más que suficiente para que la gente se impaciente y comience a exigir los resultados de las medidas adoptadas por los nuevos gobernantes.

Por eso, esos nuevos gobernantes deberían poner especial cuidado en no cometer los errores de siempre; y me explico: aprovechar la confianza de los votantes para colocar en puestos de responsabilidad a desconocidos cercanos al partido. Y pongo un ejemplo para que todos me entiendan: ¿No hubiera sido mejor Gerente de Turismo don José Manuel Arnal? Una personalidad en Ronda, empresario de hostelería, alto cargo en UNICAJA y con una excelente habilidad para las relaciones públicas. Un veterano que sabe suplir con ilusión y entusiasmo las limitaciones propias de su edad.

Gente así es la que Ronda necesita ahora, gente cargada de experiencia, que sepa hacer las cosas y muestren el camino a los más jóvenes. Además, ya saben los lectores como pienso: Los ciudadanos aspiramos a que nos gobiernen los mejores o, al menos, a que nuestros gobernantes se rodeen de los mejores… pero que el currículo de los gerentes vaya por delante; porque, como dirían los arrieros de entonces: “Papeles hablan, y barbas callan”.


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