Opinión

Un rondeño insigne: Francisco Giner de los Ríos (Pepe Becerra Gómez)

Están ahora de actualidad las supuestas tendencias de las autoridades educativas españolas al laicismo. Criticadas o no, no hay que más que ver el revuelo político y mediático que se organizó en torno a la Ley de la Educación para la Ciudadanía, denostada por unos y ensalzadas por otros. La diatriba originada me trae a la memoria un personaje malagueño, nacido en Ronda por más señas, que representó un papel destacado en el terreno de las ideas en su época, no muy lejanas en el espíritu a las que hoy se dilucidan. En los años que transcurrieron entre el final del siglo XIX y principios del XX, la figura de un profesor, Francisco Giner de los Rios, (1839-1915), se desenvuelve en el ambiente de crispación fruto de la pugna política que floreció tras al “abrazo de Vergara (1840)”. Lo protagonizarían los generales Espartero y Maroto, viniendo a poner fin a la primera guerra civil entre liberales y carlistas.

Rondeño de nacimiento, Giner de los Ríos, fue un viajero precoz como corresponde a una familia con un progenitor funcionario del Estado, cuya movilidad venía impuesta por la práctica de su carrera. Cádiz, Alicante, Barcelona y Granada fueron las cuatro ciudades en las que recibió enseñanzas desde el parvulario hasta la Universidad. El doctorado lo culminaría en Madrid, en la Universidad Central; estudios que compatibilizaría con sus funciones en el Ministerio de Estado.

En encuentro en Madrid de Francisco Giner con Julián Sanz del Río fue determinante para que el intelectual rondeño abrazara las doctrinas de Krause – filósofo alemán de escasa trascendencia -, que en la España del reinado de Isabell II tuvo, sin embargo, una entusiástica acogida por algunos eruditos que soñaban romper las barreras entre la tradición y la innovación. Fue la única oposición que, en el terreno de las ideas, se alzó contra el catolicismo, apoyado firmemente por los órganos estatales.

La introducción del krausismo se debe a Sanz del Río, pero Giner, alumno aventajado de aquél, culminó la formación del grupo krausista, y en su defensa se erigió paladín desde su cátedra madrileña. Hacia su figura dirigieron la mirada un pequeño núcleo de intelectuales atraídos por el carácter racionalista de sus enseñanzas en las que se daba en igual proporción el sentido filosófico y el tratamiento de un idealismo ético, ya esbozado antes por Fichte ( El destino del hombre, 1800). La renovación cultural y pedagógica que auspició la Institución no encuentra ni precedentes ni parangón en los siglos XIX y XX. Y aunque se encontró cierto paralelismo con los métodos de la instrucción escolar republicana lo cierto es que sus estatutos señalan la independencia de las creencias religiosas y de la ideología o el partidismo político. Eso sí, en su divisa podría campear la libertad de enseñanza, la protección de la ciencia y el profundo respeto a la conciencia de la persona.

Las vinculaciones de Giner con la tendencia “regeneracionista” europeizante, ya puesta en evidencia por los primeros libros de Menéndez y Pelayo y que haría suya la generación del 98, le lleva a fundar la Institución Libre de Enseñanza, primero concebida como centro universitario independiente, y luego ampliando su campo de acción a la educación primaria y secundaria.

Es en el terreno pedagógico en donde labraría el meollo de su ideario perfilado en una `renovación del sistema educativo español´, con la que había de contribuir, ¡y de qué manera!, sobre las realidades concretas– económicas, agrícolas, sociales ….- de la vida nacional. Método activo, contacto con la Naturaleza y la tradición popular, libertad religiosa, educación de la mujer…, fueron algunos de los postulados de la Institución de los que se imbuyeron algunos de los hombres, que luego figurarían en lugares destacados de la vida artística, científica y social de nuestro país (Lorca y Dalí, entre otros, que coincidieron en la Residencia de Estudiantes, otra innovación de Giner, trasvasada de Europa).

¿Pero dónde y de qué manera podemos ver hoy el revolucionario sistema pedagógico implantado por Giner casi a un siglo ya de distancia? Basta con que cojamos un programa escolar de hoy y tratemos de calar en el ideario que subyace en su desarrollo, con sólo concederle un mínimo esfuerzo para desentrañarlo. Aprender por la intuición que se ha de suponer en el intelecto del alumno; la escasa eficacia de los exámenes finales si se consideran como único método de evaluación del aprendizaje, y, en contra, las actividades extraescolares (excursiones en plena naturaleza, visitas a fábricas y museos, interacción de los alumnos con los miembros adultos de la comunidad o representantes políticos de su localidad….) Todo un abanico de enseñanzas prácticas que en la actualidad consideramos como lo de lo más natural pero que no tuvieron razón de ser sino a partir de que Giner de los Ríos las estableciera como germen de formación de los hombres destinados a imprimir cambios en una sociedad que, posteriormente, habría de acogerles. En ella, trataron de enderezar sus derroteros con la probidad que se propusieron como meta según las enseñanzas recibidas de la ejemplar Institución.


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