Opinión

Un tránsfuga, es un tránsfuga (Antonio Sánchez Martín)

Supongo que a usted les pasará un poco como a mí, que a veces leemos un artículo y pensamos: ¡Caramba, yo mismo no lo habría dicho mejor! Porque hay veces que el articulista opina con palabras tan justas, que roza la exactitud. Eso mismo pensé yo cuando leí el artículo titulado “Un tránsfuga es un tránsfuga” que Rafael Porras publicó el pasado domingo en el diario El Mundo, y del cual les extracto sus párrafos más elocuentes.

«El lenguaje político sirve para lo contrario que el lenguaje normal. O sea, para ocultar y disfrazar los conceptos, para pervertir los significados y para confundir en vez de desvelar. De esta manera, la política crea “palabros”, es decir, términos cuyo manoseo devalúa su significado real y se convierten en parte de un argot destinado a hablar sin decir nada. Algunos ejemplos: consensuar, vertebrar, coyuntura, implementar, etc. Los políticos cogen estos términos y los barajan a su antojo para no llegar a ninguna parte, que es el objetivo que en el fondo se persigue.

En el lenguaje político también existe otro grupo de palabras cuyo magreo sistemático altera y devalúa su significado. Por ejemplo, honradez, decencia, lealtad, compromiso, acuerdo –y hasta verdad o mentira (y hay más)- son conceptos que varían en función de coyunturas más o menos provocadas. Por último, hay un grupo de palabras que tienen difícil componenda: corrupción, estafa, fraude, transfuguismo… Y no será porque no se intente tergiversar su significado, lo que sucede es que resulta complicado llamar de otra forma a quien mete la mano en la caja, a quien engaña, defrauda, o al que cambia con descaro de chaqueta. Por mucho que se empeñen los políticos, el que roba es un ladrón y el que deja de apoyar una causa y favorece otra por pura conveniencia es un tránsfuga.

Por muchas amenazas que profiera, el alcalde de Ronda, Antonio Mª Marín Lara, es un tránsfuga de libro. Está por ver si además es otras cosas, pero aunque diga misa (–pinta tiene para ello-), es un tránsfuga con todas las de la ley. Este hombre, ahora en la filas del PSOE, podía haber cogido otra trayectoria para pasar del franquismo sociológico al andalucismo de partido, haber roto con ellos tras darse cuenta de que es de izquierdas, y haber ingresado en el PSOE. No hubiera sido el primero que, desilusionado, habría abandonado el Partido Andalucista, -por el que se presentó en las últimas elecciones y bajo cuyas siglas fue investido alcalde-, para presentarse de nuevo ya bajo las siglas del PSOE. Pero no, ha elegido el trámite más deshonesto: cambiarse de chaqueta y de carné en mitad del partido. Decidió sacrificar el honor, el crédito personal y la decencia por despreciables prebendas pueblerinas. Y eso es ser un tránsfuga.

Como cada uno se vende por lo que es, -aunque a algunos les paguen más de lo que valen-, el PSOE decidió en su día quedarse con el muñeco. Y es aquí donde se encuentra el nudo gordiano de este caso de subasta política. Marín Lara no ha entrado en el PSOE por su decisión libérrima, ni siquiera ha sido una opción personal del secretario provincial, Miguel Ángel Heredia. Se trata de una pieza más del marco desvergonzado en el que se encuentra actualmente el PSOE andaluz, un partido apto sólo para que medren los que menos escrúpulos tienen. Heredia, en su torpeza y en un intento de justificar lo injustificable, dio estos días la clave del asunto: el PSOE tiene a un tránsfuga con plena conciencia de que lo tiene, y por mucho que Manuel Chaves se oponga ahora a que esté en las listas electorales, (en base a los informes de la Mesa Antitransfuguismo que el mismo preside), en su día dio el visto bueno al paso de Marín Lara a su partido».

Tal como hace Rafael Porras, es conveniente que a las cosas se les llame por su nombre. Hace pocos días volvía a enfrascarse Marín Lara en estériles disertaciones donde afirmaba, (posiblemente sin convencer a nadie), que ni él se considera un tránsfuga, ni tampoco lo era judicialmente, -aludiendo al recurso interpuesto ante el Constitucional contra la resolución de la Mesa Antitransfuguismo-. Tecnicismos aparte, a mí lo del recurso se me antoja un entretenimiento y una engañifa para los legos en derecho, que somos mayoría. Aparte de los años que puede tardar en pronunciarse, puede que el alto tribunal ni siquiera entre en el asunto, pues estos tribunales están para rebatir “sentencias y sentar jurisprudencia”, y los políticos se han cuidado mucho de que las declaraciones de transfuguismo no las emitan los jueces, sino una Mesa de Políticos que a lo sumo pronuncian un dictámen, que no deja de ser una mera “opinión”, pero nada que se parezca a una sentencia firme y de obligado cumplimiento. Y si no hay sentencia, ¿sobre qué pretende Marín Lara que se pronuncie el Constitucional?

En cuanto a la opinión de Marín Lara de que su nueva militancia socialista no supone “transfuguismo” porque a él lo eligió el pueblo como alcalde y como tal sigue, conviene aclarar varias cosas: La primera, que a quienes eligió el pueblo fue a los miembros de una candidatura, -la andalucista-, cuando esos mismos votantes tenían la oportunidad de haber votado al PSOE si ése hubiera sido su deseo. La segunda, es que al Alcalde lo eligen los concejales, y en su investidura los socialistas votaron en contra. Nada impide que un alcalde en el ejercicio de su cargo, destituya y nombre nuevos delegados municipales de otros partidos, pero para ello no es preciso cambiar de partido, y mucho menos a mitad de una legislatura, donde un edil debe defender el programa y los intereses del partido por quien fue elegido. A eso exactamente es a lo que se llama “transfuguimo” y es la inmoralidad política que sanciona el dictamen de la Mesa Antitranfuguimso, aunque, –como digo-, quede muy lejos de ser una sentencia firme de ningún tribunal de justicia.

Suele decirse que “la espesura no deja ver el bosque”, y en este tupido bosque creado por los medios de comunicación rondeños, donde la mayoría tributa a la voz del amo que les paga, es muy saludable y conveniente que desde fuera alguien oriente el camino. El artículo de Rafael Porras cumple esa función, porque recuerda que “las cosas son como son, y no como se pretenden hacer ver”. De todos modos, se equivocan en el PSOE cuando insisten en presentar a Marín Lara como candidato. En las calles de Ronda se perciben claramente las ganas de propinar un sonoro voto de castigo que ponga las cosas en su sitio y “llame al pan, pan, y al vino, vino”. Además, aquí, como en Catalunya, la crisis pasará factura, y más si quienes gobiernan son los pupilos de Zapatero, esos que tardaron en darse cuenta de que lo que se nos venía encima no era una “suave desaceleración”, sino la ruina misma, y los mismos que con su ineptitud han convertido la crisis en una auténtica calamidad social. Me da que esta vez ni Roma ni Ronda pagarán traidores. Pásalo.


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