Opinión

Cuidemos nuestro pensamiento (Ángela García Salas, psicóloga)

Hace algún tiempo leí en algún lugar una frase que bien podría ser un mandamiento de la propia vida, una invitación a la reflexión y al cambio personal. Es algo que podemos intuir o incluso conocer a ciencia cierta, mas algo cuanto menos complejo en lo que a su aplicación práctica se refiere.  La comparto con vosotros, dice así. “la felicidad depende de la calidad de nuestro propio pensamiento”. No depende de nuestro dinero, de nuestra casa o de una vida sin sobresaltos, sino del modo en que particularmente enfocamos nuestra realidad, del modo en que nos hablamos a nosotros mismos sobre el relato de lo que definitivamente somos.

Muchas veces nos preguntamos por qué nos sentimos del modo en que nos sentimos, por qué actuamos o dejamos de actuar de determinado modo, ofreciéndonos posteriormente explicaciones basadas en “yo soy así”, ”este es mi carácter, mi temperamento”. Justificándonos sin saber que hacerlo es imposible, ya que siempre podemos elegir cambiar.

No quiero decir con ello que seamos nuestro pensar ni que nos identifiquemos con él de forma absoluta. Es algo aun más abstracto que sobrepasa los límites del pensamiento concreto, que mil veces puede estar provocado por factores ajenos a nosotros mismos – provocado por lo que escuchamos, por lo que vemos, por lo que irremediablemente se presenta cada día ante nuestra mirada sin que apenas podamos parpadear-. Hablo más bien del pensamiento sobre el propio pensamiento – Metacognición- , algo que adquirimos en la vida adulta y que bien podemos comparar con la propia reflexión. Reflexión que nos llevará a sentirnos cómodos o incómodos, seguros o inseguros, temerosos o con ansias de derribar muros, alcanzar metas y proponernos retos. Nos llevará a ser felices o no tanto.

Constantemente nos ofrecemos monólogos de pensamiento, como si nuestra mente fuera un animal al que aún no hemos sido capaces de calmar, como si sin nuestro constante cantar de ideas, juicios y hábiles conclusiones no fuéramos nada. Reiterándome, la felicidad depende de la calidad de nuestro propio pensamiento, no lo derrochemos en juzgarnos constantemente, en preocuparnos por sistema y torturarnos por todo esto o aquello, por aquel pensamiento que no nos deja abrirnos a nuevas soluciones y posibilidades de cambio, incluso cuando quizá éstas se encuentren justo ante nosotros. Por el contrario, cuidemos nuestro pensar, cuidemos nuestras interpretaciones, démosle calidad – amor, empatía, justicia, autoestima-.

NOTA: Puede enviar sus consultas o pedir cita en: angelags@diarioronda.es


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