Opinión

Una dorada ilusión (Antonio Garrido)

El libro, desde el venturoso natalicio germano de la imprenta, y su salto cualitativo a objeto preciado, corriendo el siglo XV, consta como uno de los hijos más listos y precoces de la humanidad. Pero la mayor meta conseguida en un periplo singular y secular, fue la de convertirse en confidente mayor e imperecedero archivo de los sueños de los hombres, de sus descubrimientos y aventuras, las imaginadas y las reales.

“Toda la gloria del mundo quedaría enterrada en el olvido si Dios no hubiera proporcionado a los hombres el remedio de los libros”, proclamó hace ya más de ochocientos  años un sabio varón. A imagen y semejanza de lo ocurrido con su terrenal creador, el libro fue con harta frecuencia ignorado, obstaculizado, perseguido o exterminado, en piras y purgas tan interminables como inútiles.

Existe un acto de amor en ese encuentro espiritual o material, según se mire, lector-autor, que se da en el momento en que el libro llega a manos del comprador, con un interés, que puede llegar tornarse en pasión, de un individuo por las ideas o pensamiento de otro. Para que todo ese proceso se complete, es imprescindible, sin embargo, la aportación de otro subyugado por el libro que, aunque en la sombra, arriesga en demasiadas ocasiones fortuna y salud porque aquél vea la luz: se trata, claro es, del editor.

Ronda vive actualmente una época áurea en la edición de libros, nunca antes conocida, difícil de superar,  con obras que van poniendo al descubierto la riqueza cultural que nuestro ámbito comarcal  atesora como conjunto diferente y poco estudiado. Detrás de ello, de una editorial, la de La Serranía, se oculta, lejos de cualquier protagonismo, que rehúyen, el matrimonio José Manuel Dorado-Isabel Sánchez. Dorada coyunda y dorada ilusión por los libros, que ya presagia el apellido y que despiden sus personas, a poco que nos fijemos. Hay algo de taumaturgia, de gesta épica, teniendo en cuenta las parcas o nulas ayudas regionales o municipales que reciben y el ancestral desprecio español por la lectura,  en ese interminable desfile periódico, que nunca ceja, de sonoros títulos y luminosas portadas, como trasunto de nuestras tierras, a las que propagan, haciéndose un hueco en todas las librerías hispanas, aun las de más renombre y ventas.

Uno se alegra, cómo no, por ese reciente galardón de la Federación Andaluza de Montaña, que hubiera podido ser, también, de otra,  por cualquiera de los numerosos libros publicados, porque son ya legión; algunos a sabiendas de lo complicado que iba a ser cubrir gastos de edición. En fin, por todo eso, por ser, al igual que vosotros,  un enamorado de los libros, y, desde luego, por permitirme formar parte, aunque mínima, de esa dorada ilusión, por mi calidad de rondeño y lector, aparte de mis parabienes,  sólo me queda daros las gracias amigos.


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