Opinión

Andaluz, apuesta por lo tuyo

Antonio Sánchez Martín.

Que Andalucía sea -crisol de tres culturas- tiene sus grandes ventajas, pero también sus inconveniente. Entre las primeras se encuentra la razón de que los andaluces seamos un pueblo tolerante y sociable, expertos en convivir durante siglos con gentes de pensamiento y costumbres bien distintas. No en balde, hasta la expulsión definitiva de judíos y moriscos durante los siglos XVI y XVII, en nuestras ciudades convivieron religiones diferentes con un aceptable grado de tolerancia y respeto. Prueba de ello es que casi todas las capitales andaluzas y pueblos de cierta importancia cuentan con una judería o con barrios de fisonomía típicamente árabe.

Pero a pesar de tanta riqueza cultural, y tal vez porque le tolerancia se confunde a menudo con “conformismo” y “apatía”, el andaluz desiste de reclamar su identidad con la intensidad que lo hacen otras regiones españolas.

Fuimos la última tierra reconquistada y sin embargo nuestro sentimiento de españolidad es, si cabe, más fuerte incluso que el de ser andaluces. Ese andalucismo pacífico ha sido desgraciadamente malinterpretado por el resto de España como un “nacionalismo” de bajo perfil, que renuncia al estilo beligerante propio de otras regiones españolas más hostiles al gobierno de Madrid, a las que, quizás por ello, los ejecutivos de la nación prestaron siempre mayor atención.

Por desgracia, los políticos andaluces son los primeros que usan ese sentimiento andalucista según su conveniencia. No dudan en escenificarlo durante los periodos electorales, para luego pasar olímpicamente, por ejemplo, de celebrar un Pleno Institucional en homenaje a Blas Infante en la fecha que conmemora el aniversario de su muerte porque, (en palabras del propio portavoz socialista en el Parlamento de Andalucía), “los andaluces se preocupan más por otras cuestiones, como la crisis económica”. Realmente, la única excusa es que la fecha que conmemora su asesinato (11-A) interrumpe las vacaciones de nuestros políticos, algo que ya ha sucedido en años anteriores cuando el propio Presidente Chaves se fue a comer marisco a Galicia en esos días. Nadie se imagina a un lehendakari vasco “passando” de un homenaje a Sabino Arana, ni al President de la Generalitat faltando a la -Diada-. Ninguno se permitiría ofrecer una imagen de pereza política como la que exhiben sin tapujos muchos dirigentes que presumen de andalucismo.

Y si quienes debieran defender -lo nuestro- predicando con su ejemplo, no lo hacen, por qué razón iban a hacerlo el resto de andaluces o alguna de sus personalidades más destacadas. Lo digo a raíz de la noticia de que en la próxima Corrida Goyesca, Cayetano Rivera Ordóñez, diestro de honda ascendencia rondeña, lucirá un traje de luces confeccionado por el afamado modisto italiano Giorgio Armani, al cual, naturalmente, ha hecho falta remitirle antes un –dossier- explicándole la singularidad de tan preeminente festejo taurino. Cualquier torero francés, por ejemplo, hubiera elegido un diseñador de su país, pero aquí no; aquí en vez de defender –lo nuestro- promocionamos –lo de otros-, y aunque en Andalucía contemos con modistos de renombre como los sevillanos Luchino y Visconti, y en España sobren diseñadores de moda, nos hacemos la competencia nosotros mismos.

Para la tauromaquia, que el traje de Cayetano lo diseñe Armani puede hacerle más daño que beneficio a la Goyesca, porque cabe el riesgo de que a este paso el festejo se convierta en un simple desfile de modelos en detrimento de su propia razón de ser: un acontecimiento que rememora la más honda tradición taurina de nuestra tierra. Creo que sería mejor dejar las cosas como están, ya que entre Pedro Romero y Giorgio Armani median tres siglos de historia, pero evidentemente la repercusión mediática de la noticia ya está garantizada y contribuirá, sin duda, a incrementar el sensacionalismo que levanta cada año la Goyesca y a que se dispare aún más, si cabe, el precio de sus localidades.

Eso, seguramente, importará poco al empresario de nuestra Real Maestranza, hermano del anterior, sobre todo si con ello se incrementan los beneficios del negocio; como tampoco le importó nunca a su familia que en Ronda, -ciudad cuna del Toreo-, no se celebraran más festejos taurinos durante el resto del año. Todo, porque la “jet-set” que acude a la Goyesca, a pesar de que la mayoría -ni son aficionados ni entienden de toros-, hacen de su asistencia una seña de más de ostentación y poderío social al adquirir entradas que alcanzan precios prohibitivos para el resto de los aficionados. Preguntado en una ocasión su abuelo Antonio Ordóñez por este tema, le respondió con toda naturalidad al periodista que -para qué iba a organizar más corridas, si con una así ganaba lo suficiente para vivir durante todo el año-.

Indudablemente, en la historia de la tauromaquia, Ronda se escribe con letras mayúsculas y ayuda a “vender” todo lo taurino, pero este tipo sensacionalismos de –prensa rosa- lo único que dejan claro es que nuestros famosos se acuerdan de Ronda, y de todo lo andaluz en general, sólo cuando les conviene. Me disgusta, además, porque “distrae” la atención de nuestros verdaderos problemas: las comunicaciones, la escasez de industrias y de empleo, los insuficientes estudios universitarios y desgraciadamente un largo etcétera que constituye la autentica realidad de Ronda y de su gente, de la que no nos van a sacar ni los Rivera Ordóñez ni su Goyesca; ni tan siquiera los políticos a los que les encanta asistir de gorra a la corrida desde el palco de autoridades.


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