Cultura y Sociedad

¿Una supernova guió a los Reyes Magos?

Tras el descubrimiento recientemente de una supernova por un niño español y el paso de un cometa, coincidiendo con las fechas navideñas, nos vuelve a plantear qué evento celeste siguieron los Reyes Magos hacía Belén.

Los reyes magos siguiendo a la Estrella de Belén.

Tras el descubrimiento recientemente de una supernova por un niño español y el paso de un cometa, coincidiendo con las fechas navideñas,  nos vuelve a plantear qué evento celeste siguieron los Reyes Magos hacía Belén.

Melchor, Gaspar y Baltasar fueron, sin duda,  grandes estudiosos de los acontecimientos astronómicos de su época. Aunque, realmente sabemos muy  poco de estos sabios que desempeñan un importante papel en la historia de la Navidad. En un principio su número fue indeterminado: dos, cuatro, doce (según la tradición ortodoxa) incluso ¡sesenta! Pero en el siglo III, Orígenes afirmó que los magos fueron tres.

En el siglo VI aparecieron como reyes y sus nombres se recogen en un mosaico bizantino localizado en San Apolinar el Nuevo (Rávena). Su punto de origen tampoco está muy claro: Persia, Babilonia o incluso  Tartessos, al suroeste de la Península Ibérica, según una hipótesis sugerida en un libro titulado “La infancia de Jesús” del Papa Benedicto XVI (2012). Como curiosidad anualmente en la localidad onubense de Tarsis se realiza una recreación de la partida de los Reyes Magos hacia Belén.

Los Evangelios

La obra analizaba los Evangelios de Mateo y Lucas, donde se narran los primeros años de Jesucristo y, entre otros temas, defiende la existencia de la Estrella de Belén sugiriendo que fue una “supernova”, basándose en los cálculos de  Kepler y los antiguos registros de astrónomos chinos. Pero, repasemos esta posibilidad, y otras, del origen astronómico de este evento celeste que renace cada Navidad.

La verdadera naturaleza de la Estrella de Belén es un misterio que la “arqueoastronomía”, conjunto de disciplinas que estudian el papel del cielo en la antigüedad, trata de desvelar y nos proporcionaría la fecha correcta del nacimiento de Jesús que debió acontecer entre los años 7 y 5 anteriores a nuestra Era. Este desfase es  atribuido al monje Dionisio el Exiguo (siglo IV), que cometió varios errores de cálculo para averiguar la fecha de la Natividad de Jesús y establecer el año I de la Era Cristiana por encargo del Papa Juan I. Dionisio, entre otros errores, omitió los cuatro años que el emperador Augusto gobernó con el nombre de Octavio.

Un cometa

Popularmente la Estrella de Belén es representada como un cometa, preferencia observada en algunas pinturas  como la “Adoración de los Magos” de Giotto (s. XIV) inspirado por el cometa Halley del año 1301 que durante siglos fue un buen candidato, pero quedó descartado porque su aparición más próxima al nacimiento de Jesús se produjo en el otoño del 12 a. C.  Otra candidata es la espectacular aproximación de Venus y Júpiter en Leo (año 2 a. C.), que debió contemplarse como si se tratara de un mismo astro muy brillante. Pero, uno de los eventos celestes que tiene más seguidores es la nova o supernova que apareció en el año 5 a. C., a finales de marzo o primeros de abril, entre las constelaciones de Capricornio y el Águila, siendo registrado por los chinos y visible durante más de 70 días.

“Stella nova”

El astrónomo Johannes Kepler descubrió, lo que llamaban en la época, una “stella nova” (estrella nueva) en la constelación de Ofiuco, entre Júpiter y Saturno durante una de las tres conjunciones de esos dos planeta y Marte que se registraron en 1604. Esta “stella nova” era realmente una supernova que se observó a simple vista durante 18 meses. El extraordinario evento llevó a Kepler a realizar un detallado estudio de la Estrella de Belén y calculó que hubo otro triple acercamiento  (en mayo, octubre y diciembre) de Júpiter y Saturno en Piscis en el año 7 a. C. Kepler dedujo que la consecuencia lógica de este tipo de conjunciones era la repentina aparición de una estrella (nova o supernova) tan espectacular como la que observó, y pensó que era el hito astronómico que acompañó al nacimiento de Jesús.

Pero, para los arqueoastrónomos la información más relevante de las deducciones de Kepler es la conjunción planetaria del 7 a. C. que era, con toda seguridad, conocida por los Reyes Magos que al observarla en la constelación de Piscis, de fuerte simbolismo en el antiguo pueblo hebreo, pusieron en alerta a los Sabios que debían conocer las profecías de los judíos acerca del Mesías, presumiendo que algo importante iba a suceder en Israel.


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