Cultura y Sociedad

Rincones perdidos

En muchísimos otros lugares de nuestra provincia existen casos similares como los adarves de la calle Granada de Málaga demolidos para dejar paso a una arquitectura que jamás se integrará en el conjunto histórico.

Un grupo de turista pasea por el casco histórico.

El otro día, mientras paseaba por mi pueblo, me percaté de que cada vez menos rincones típicos quedan en el pueblo, una demolición por aquí, otra por allá y al final todo el conjunto pierde la belleza que antaño pudo tener.

La solución no es complicada, se trata de comprender que la belleza de determinado lugar no consiste en tener una iglesia de singular belleza, alguna calle pintoresca y algún punto de interés más, para que una localidad llegue a ser bella, al menos bajo mi punto de vista, debe ser cuidado todo el conjunto, sino se trata de monumentos descontextualizados nadando en un mar de mediocridad arquitectónica, porque la llamada arquitectura “de calidad” no acaba de llegar.

No es un hecho propio de mi pueblo, en muchísimos otros lugares de nuestra provincia existen casos similares como los adarves de la calle Granada de Málaga demolidos para dejar paso a una arquitectura que jamás se integrará en el conjunto histórico.

 

Rincón típico de pueblo.
Rincón típico de pueblo.

Escribo esto a modo de desahogo, pues, una de las calles más bonitas de mi pueblo, que contaba con trazado medieval, un adarve y edificios con arquitectura única que han sido demolidos para dar paso a edificios modernos y dos solares, además de un solar convertido en una especie de corral, todas estas desafortunadas actuaciones han tirado por la borda todas las posibilidades que tenía esta calle.

Ahora bien, estaremos de acuerdo en que cada uno es libre de hacer en su propiedad lo que estime oportuno, como así es en el medio rural donde la ley de edificabilidad brilla por su ausencia, pero si permitimos que hagan y deshagan lo que quieran luego no vayamos a sentenciar con la mítica frase “qué bonito que é mi pueblo”.

Esa solo es una coletilla, muy frecuente, para no ver la realidad y conformarse con lo que hay y no pensar en lo que pudo haber, y hubo.


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