Cultura y Sociedad

El eclipse de luna que salvó a Cristóbal Colón

El cuarto viaje de Colón se realizó el 11 de mayo de 1502, zarpando del puerto de Cádiz rumbo a la más arriesgada de sus expediciones que tenía como principal objetivo encontrar un estrecho para pasar al Océano Índico

Colón nuestra a los nativos de América el eclipse de luna.

El cuarto y último de los viajes de Cristóbal Colón  fue el más dramático y problemático de todos los realizados, pero hay una anécdota astronómica que nos llega a través de su bitácora de viajes y que nos muestra tanto su sagacidad como sus conocimientos.

En la llamada “Era de los Exploradores” los europeos eruditos poseían una recopilación de los conocimientos antiguos que sintetizaba el pensamiento geográfico y astronómico de Ptolomeo y Aristóteles. Existían obras de las teorías sobre la esfericidad de la Tierra, sus dimensiones y el tamaño del océano, publicaciones que, sin duda, poseía Cristóbal Colón en su biblioteca. Por otra parte, el extenso uso del astrolabio, que introdujo en Occidente el sabio rondeño-andalusí Abbás Ibn Firnás, y otros instrumentos astronómicos como el cuadrante o la ballestilla, siguió impulsando el renacimiento de la astronomía observacional, motivada entre otras causas por la mayor necesidad  de precisión  en esos mismos instrumentos que los navegantes europeos empleaban en sus expediciones.

El cuarto viaje de Colón se  realizó el 11 de mayo de 1502, zarpando del puerto de Cádiz rumbo a la más arriesgada de sus expediciones que tenía como principal objetivo  encontrar un estrecho para pasar al Océano Índico (Colón estaba convencido que había llegado a Asia y llamó a esas tierras las “Indias Occidentales”).

En sus expediciones americanas Colón observó dos eclipses de luna, concretamente el 14 de septiembre de 1494 en La Española y el 29 de febrero de 1504 en Jamaica que es conocido como el evento del “Eclipse de Colón” que coincide con la obligada estancia de un año del Almirante y sus marinos en Jamaica debido al naufragio durante el cuarto viaje. Aunque inicialmente los nativos jamaicanos acogieron bien a los náufragos y les proporcionaron comida, a medida que los días se convertían en semanas fueron aumentando las tensiones y se negaron a continuar proporcionando víveres. Bajo la amenaza del hambre, Colón formuló un plan desesperado aunque ingenioso.

El Almirante consultó el libro “Almanach Perpetuum” del astrónomo judeoespañol Abraham Zacuto y probablemente las “Efemérides” del astrónomo alemán J. Müller von Königsberg conocido por su seudónimo latino Regiomontanus, en ellos se indicaba que el 29 de febrero de 1504 se produciría un eclipse total de luna. Tres días antes del evento celeste, Colón  pidió reunirse con el Cacique para expresarle que el “Señor de los Cielos” se había disgustado con ellos a causa de su hostilidad y, como castigo, les arrebataría la Luna. La burla no se hizo esperar, pero ésta se convirtió en temor cuando, a la hora indicada, una gran sombra cubrió a la Luna. Tras los ruegos y súplicas de los asustados jamaicanos, Colón continuó su escenificación y se retiró para interceder por los nativos. Sólo unos momentos antes del final de la fase total del eclipse reapareció Colón, anunciándoles que habían sido perdonados y la Luna volvería gradualmente a la normalidad.

Desde entonces mantuvieron a Colón y a sus hombres bien provistos y alimentados, hasta que una carabela de rescate procedente de La Española arribó finalmente en  junio de 1504,  regresando a España el 7 de noviembre. Sería erróneo pensar que los nativos jamás hubieran visto un eclipse de luna antes, pero seguramente se vieron sorprendidos por el supuesto poder del Almirante. Afortunadamente para Colón, los indígenas jamaicanos no poseían los conocimientos astronómicos que tenían otros pueblos como los mayas o los aztecas.


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