Cultura y Sociedad

Stephen Hawking nos deja un gran legado

El pasado miércoles 14 de marzo de 2018, nos despertamos con la triste noticia del fallecimiento del gran científico británico cuyas revolucionarias ideas cosmológicas que albergaba su cerebro, permanecerán para siempre en nuestros recuerdos y en el devenir de la Historia

Stephen en la playa del Camisón de Arona (Tenerife), durante su visita a la isla.

El pasado miércoles 14 de marzo de 2018, nos despertamos con la triste noticia del fallecimiento del gran científico británico Stephen Hawking. Ese hombre, cuya figura maltrecha en una silla de ruedas y las revolucionarias ideas cosmológicas que albergaba su cerebro, permanecerán para siempre en nuestros recuerdos y en el devenir de la Historia.

La Ciencia en general pero, sobre todo, la Astronomía y la Cosmología en particular, han perdido hoy una de sus grandes figuras, a caballo entre los siglos XX y XXI, comparable a Einstein, Newton y tantos otros hombre y mujeres de estos y otros tiempos.

Efeméride curiosa 

Y, como curiosidades, que sólo al azar hay que conceder, esta figura de la Ciencia nació el día que se cumplían 300 años del fallecimiento de Galileo (el científico italiano primero en utilizar el telescopio con fines astronómicos a principios del siglo XVII. Pero es más, Hawking muere en el cumpleaños del nacimiento de otro genio del siglo XX: el alemán de origen judío Albert Einstein (en 1879), hace hoy 139 años, el cual dejó a la Ciencia el gran legado de sus teorías de la Relatividad y del Espacio-Tiempo. Pero por si esto fuera poco, nuestro añorado compatriota Félix Rodríguez de la Fuente, médico, autodidacta en Biología y divulgador naturalista, muy conocido por la serie televisiva “El Hombre y la Tierra”, nació y murió este mismo día, en 1928 (Poza de la Sal, Burgos) y 1980 (Alaska), respectivamente, cuando cumplía 52 años; por lo que también Stephen quedará ligado a él en esta efeméride. Y finalmente, por más coincidencias, hoy es el Día del Número “Pi” (3/14 en nomenclatura anglosajona), ese famoso número irracional, constante relacional entre la longitud de una circunferencia y su radio, tan utilizado en Matemáticas, Física y otras disciplinas.

Aparente fragilidad 

El delicado aspecto físico de Stephen Hawking, provocado por una enfermedad degenerativa, detectada prácticamente en su adolescencia, y que le ha mantenido en silla de ruedas durante la mayor parte de su vida, como le hemos conocido y le recordaremos siempre, contrasta con sus aficiones de juventud: la hípica y el remo, principalmente. Pero no ha sido obstáculo para que en su cerebro nacieran y maduraran grandes ideas y revolucionarias teorías científicas sobre acerca del Universo, su origen, su sentido y su fin (en sus dos vertientes de finalidad y extinción. Y, gracias a sus parejas, hijos y personas de su entorno más cercano, así como a la tecnología de movilidad y comunicación de que, podríamos decir, ha gozado, han hecho posible que esa sabiduría haya podido ser difundida y compartida con el resto del mundo científico. Esa gran población que hoy se ha quedado un poco huérfana, pero que se apoyará en sus hipótesis para seguir investigando el Cosmos, con la capacidad de otras mentes presentes y futuras.

Su vida 

Stephen William Hawking nació en Oxford 8 d enero de 1942, y nos ha dejado este miércoles pasado (14 de marzo de 2018, a los 76 años de edad, en la también británica ciudad de Cambridge. Fue el primer hijo natural (y único varón) de Isobel Hawking y Frank Hawking, junto a otras dos chicas, además de un hermano adoptivo. Sus padres vivían en Londres, pero se mudaron a Oxford, por motivos de seguridad, cuando Stephen iba a nacer, pues por aquellas fechas la capital británica estaba siendo atacada por la Luftwaffe (Fuerza Aérea de la República Federal Alemana).

Más tarde volvieron a Londres. Y en 1950 se desplazan a St Albans, donde el pequeño Stephen estudió en un colegio de chiscas (y chicos, hasta los diez años), y luego pasó a otro equivalente, pero de chicos, donde fue un buen estudiante (aunque no precisamente brillante).

Hawking se inclinaba por las Matemáticas, pero su padre se empeñó en que estudiara en la University College of Oxford, como él mismo había hecho, por lo que terminó matriculándose en Ciencias Naturales, especializándose en Física, interesándose especialmente por la Termodinámica, la Relatividad y la Mecánica Cuántica.

Después de terminar el Grado en Oxford, hizo el Posgrado en el Trinity Hall de Cambridge, donde obtuvo el doctorado en Física en 1966, después de que su enfermedad se estabilizara y superara un cuadro depresivo cuando los médicos le habían diagnosticado la enfermedad neuro-funcional, y pronosticado unos dos años de vida.

Stephen se casó con su primera esposa, y madre de sus tres hijos, Jane, en 1965. La cual, desbordada por el trabajo domestico, el cuidado de sus hijos y de su propio esposo, al que tenía que duchar, asear, vestir y darle de comer, como a otro bebé, se apoyó física, emocional y sentimentalmente en otro hombre, que los llevó al divorcio, después de 25 años de matrimonio. Cinco años después se volvió a casar, esta vez con su enfermera Elaine, con la que convivió durante 9 años, hasta que en 2004 su hija Lucy denunció a Elaine por malos tratos a su padre, divorciándose ambos en 2006.

Después re hizo su vida con Jane, sus hijos y nietos, pasando el resto de su vida con ellos y diversos cuidadores. En 2014, Stephen Hawking de declaró ateo.

Su obra y su legado

Nos hemos extendido en la parte humana de este genio, cuya historia será conocida principalmente por su legado científico. Y así, la singularidad del Universo, el Big Bang y los agujeros negros han sido sus principales campos de trabajo, contradiciéndose finalmente el mismo en estas materias, al decir últimamente que la singularidad del Universo no tiene sentido, sino que el espacio y el tiempo forman una “superficie” cerrada sin fronteras. Y sobre los agujeros negros, de los que afirmaba inicialmente no salía nada (ni siquiera la luz), haciéndose por tanto cada vez más y más potentes y masivos, pasó recientemente a conjeturar que dejan escapar ciertas radiaciones (conocidas desde 1970 como “Radiaciones de Hawking”), que terminarían “evaporándolos”. Ha sabido investigar definitivamente en esa frontera que separa y une al mismo tiempo la Física Clásica y la moderna Mecánica Cuántica.

Sus escritos son innumerables, destacando entre ellos: “Historia del Tiempo: del Big Bang a los Agujeros Negros” (1988), Una Breve Historia del Tiempo (década de los 90), y un largo etc.

Fue titular de la Cátedra Lucaciana de Matemáticas de la Universidad de Cambridge. En 1989 fue distinguido en España con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Y un sin fin de galardones a nivel mundial a lo largo de una fructífera vida, sobre su silla de ruedas y su sintetizador de voz. Descanse en paz Stephen Hawking.


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