Opinión

A propósito de Ronda. El Puente siente…

Se han diseñado diferentes frases en cada cartel para mostrar el rechazo al corte del Puente Nuevo.

…VERGÜENZA. Y yo también.

Estoy avergonzado. Hoy. Sin límites; un insoportable bochorno me invade por la cantidad de posibilidades, valores, capacidades, gentes, trabajos, voluntades, ganas, ilusiones… que en nuestro pueblo, en esta tierra, en nuestro país, se desprecian, se arrinconan o se desperdician. ¡Qué vergüenza!

Vergüenza de nuestros gobernantes (elegidos por nosotros), de nuestras instituciones (aprobadas y formadas por nosotros), de nuestro sistema político (que aceptamos casi sin rechistar), de nuestras leyes (favorecedoras y complacientes con el delincuente y rigurosas con la víctima), de nuestros políticos profesionales (defensores de sí mismos y de nadie más).

Vergüenza de mis vecinos que defienden nuestro pueblo a capa y espada en bares y tertulias, pero sus argumentos se volatilizan como el alcohol tras la resaca; que votan una y otra vez a quienes, como ahora, los utilizan simplemente para llegar a Sentados; que permanecen silenciosos y pasotas ante la desidia, abandono y olvido que sufre nuestra ciudad, nuestros monumentos y nuestros valores propios.

Me avergüenzo de mí mismo por no haber sido capaz, en tantos años de peleas por mi pueblo, de convencer ni arrastrar a nadie por ese camino; por haber dilapidado mi discurso sin transmitir la necesaria convicción; por no haber derribado a ninguno de nuestros ineptos dirigentes a tiempo.

Siento vergüenza ajena al oír tanto discurso huero en boca de tantísimos presuntuosos Mandamases; al ver la ausencia de compromiso de quienes se jactan de luchar por nuestros derechos; al comprobar en Mandantes y Sentados la desmemoria de las promesas que, con lagrimitas cocodriláceas, hacen a las víctimas tras cualquiera de los muchos atentados y crímenes que hemos sufrido y sufriremos.

Me avergüenzo de los Pactos de Silencio de nuestros prebostes ante corrupciones, nepotismos, derroches y latrocinios de compadres, compañeros, partidarios y conmilitones; del descaro de antisistemas, revolucionarios de pacotilla y analfabetos progres, defendiendo indefendibles y destructoras propuestas, a la vez que atacan escandalosamente las sensatas si consideran “fachas” a sus promotores; de la demagogia venal utilizada sin límites en soflamas enaltecedoras para tapar desmanes.

Siento vergüenza absoluta por la utilización perversa de niños, ancianos, débiles, discriminados o indefensos como excusa y pantallas públicas de los más oscuros intereses en manifiestos, proclamas, marchas y campañas.

Vergüenza al ver cómo se prostituye el lenguaje en unas guerras sexistas tan artificiales como mezquinas; cómo se dictan leyes discriminatorias en función del sexo; cómo se anula la cualidad de persona aplicando los derechos al “género”.

Vergüenza de tanta información sesgada, parcial y tergiversadora de grupos mediáticos, dominantes gracias al Poder, que busca confundir una opinión pública cada vez más débil e indefensa.

Vergüenza de la escasa y pobre educación que reciben nuestros hijos por unos planes que, con el fin de no discriminar, discriminan para siempre; de respetar derechos territoriales, anulan los personales; de no traumatizar, producen analfabetos esenciales; de acercar la historia a los alumnos, la inventan y deforman.

Vergüenza de la reinvención de la inquisición al dictado de un politiqués pseudoigualatorio, que solo quiere anular el pensamiento crítico y la independencia personal no sujeta a corsés ideológicos.

Vergüenza del buenismo legislativo que impide la defensa de la propiedad privada frente a los asaltos de indeseables; que penaliza una buena educación y la necesaria corrección del comportamiento de menores al declararlos inimputables; que condena a ridículas penas a delincuentes vocacionales e irreinsertables en castigo a sus víctimas, presentes y futuras.

Vergüenza de no poder hablar en el lenguaje de todos, el español, en cualquier lugar de nuestro país; de que los jóvenes no sean esmeradamente educados en esta lengua de extensión universal; de que se fustigue su uso e, incluso, se castigue en determinados territorios de la nación.

Vergüenza de que nuestra bandera solo se enarbole para celebrar goles; de que sea menospreciada, pisada e incendiada con absoluta impunidad y hasta con aplausos; de que nuestro himno nacional y nuestro mayor representante sufran los insultos, burlas y desplantes de impresentables, dirigidos por energúmenos que pretenden desmembrar nuestro país sin recibir castigo alguno.

Vergüenza de que los medios de comunicación también abofeteen nuestra lengua; de que ni siquiera los locutores de prestigio hablen un español medianamente aceptable; de que en periódicos y subtítulos se cometan garrafales faltas de ortografía y sintaxis sin que nadie enrojezca o se preocupe de corregirlas.

Vergüenza irreprimible ante ministros, diputados, senadores y allegados que no se reprimen al adjudicarse sueldos, dietas y complementos millonarios, mientras reducen al ridículo las pensiones de los jubilados; que se dotan de retiros suculentos por períodos de “trabajo” irrisorios mientras aumentan los tiempos de cotización y la edad a los futuros jubilados; que presumen de subvencionar holgadamente a inmigrantes despapelados con sueldos y privilegios que niegan a españoles desprotegidos.

Siento mucha vergüenza.

Especialmente en esta semana que ha comenzado con el aniversario del Golpe de Estado del Once de marzo de 2004; un golpe que casi todos los medios y autoridades definen, repitiendo cual loros lo enseñado por el amo, como Atentado Yihadista. Cuando jamás se demostró tal cosa.

Golpe por el que un pobre infeliz, chivo expiatorio absolutamente inocente pero con nombre musulmán, pena en total aislamiento sin que ninguna de esas ONGs, tan preocupadas de derechos más o menos humanos, diga una sola palabra en su defensa.

Golpe, sí. Golpe de Estado sobre el que nuestros gobernantes y autoridades corrieron un espeso velo de mentiras que nadie quiere o se atreve a descorrer por temor a descubrir la terrorífica verdad y a sus siniestros autores.

Semana que nos ha traído la trágica noticia de la muerte de otro niño a manos de un cruel asesino, en este caso, tristemente, mujer, inmigrante y negra. Y que, en vez de envolvernos en pena y oración a todos, ha levantado en algunos las más bajas pasiones.

Semana en la que, para colmar males, nuestros triunfantes Sentados locales han olvidado cualquier mesura poniendo de nuevo en vigor las prohibiciones de libre comunicación vecinal en Ronda. Con total desprecio a razonamientos y opiniones sensatas y sin más justificación que su puro capricho, han vuelto a dejar patente su DESVERGÜENZA.

Tanta vergüenza me ha dejado sin fuerzas para seguir desmenuzando las bases de un plan de vialidad serio para nuestra ciudad. Sí puedo seguir presumiendo de que mis hijos no sentirán jamás vergüenza de su padre por callarse lo que creía justo hacer público y defenderlo, aunque estuviese equivocado. Me comprometí a explicar hoy las posibilidades de aparcamiento.

Pero eso será otro día. U otro año. O…


2 comentarios en “A propósito de Ronda. El Puente siente…

  1. Paco Vidal

    No se si usted es “Santos” o demonio, lo que si se es que dice verdades como puños.
    Que satisfacción (dentro de tanta verguenza) saber que uno es congénere de alguien con tantos cojones.

  2. pedro enrique santos buendía

    Muchas gracias. Me gustaría ser un poco Santos aunque no me importa aparecer como demonio ante tantos Mandamases desvergonzados.

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