Entrevistas

Salvador Aguilera López: un sacerdote rondeño en el Vaticano

Este viernes 14 de julio, a las 20.00 horas en la colegiata de Santa María la Mayor, el reverendo rondeño, que ha regresado por unos días a Ronda, celebrará una misa de acción de gracias con motivo de cumplirse el décimo aniversario de su ordenación sacerdotal

El sacerdote rondeño trabaja en un despacho situado frente a la Santa Sede. Foto Daniel Ibáñez Gutiérrez.

Este viernes 14 de julio, a las 20.00 horas en la colegiata de Santa María la Mayor, el reverendo rondeño Salvador Aguilera López celebrará una misa de acción de gracias con motivo de cumplirse el décimo aniversario de su ordenación sacerdotal.

Salvador Aguilera, que fue ordenado sacerdote en 2007 en Toledo, ha desempeñado su ministerio sacerdotal en la Archidiócesis de Toledo y, desde hace cuatro años, en el Vaticano como oficial de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

Este sacerdote fue, por ejemplo, quien junto a sus padres entregó hace algunos meses entregó en mano al Papa Francisco una caja de las conocidas yemas del Tajo durante el desarrollo de una audiencia.

Ahora, que ha regresado por unos días a su ciudad natal, Diario Ronda ha tenido la oportunidad de conversar con él durante unos minutos y conocer más de cerca el trabajo que realiza en la Santa Sede de Roma.

– ¿Qué recuerdos mantiene de su infancia en Ronda?

Mi infancia se desarrolla entre los barrios de San Rafael y de San Cristóbal. Recuerdo cómo por las mañanas, para ir al colegio Juan Carrillo, donde cursé hasta séptimo de EGB, pasaba por dentro de la estación del ferrocarril para ver los trenes, ya que el viajar y conocer mundo era algo que me atraía. De esa etapa no puedo olvidar a los profesores y compañeros que tuve, como tampoco los bollos suizos rellenos de mermelada de fresa que me traía mi padre en el recreo.

-¿Cómo le llegó la vocación al sacerdocio?

Sentí la vocación al sacerdocio en época muy temprana. Ya antes de hacer la primera comunión era monaguillo. Me encantaba ayudar en la misa y salir en las procesiones; así fue creciendo mi deseo de servir al Señor hasta entrar en el Seminario Menor. Después vendría la etapa del Seminario Mayor que, tras seis años de estudio, se vio culminada con la ordenación sacerdotal el 8 de julio de 2007.

-Durante este tiempo ha recorrido diferentes ciudades y lugares, ¿hay alguno de ellos que haya marcado su trayectoria sacerdotal?

Dos lugares han marcado mi vida sacerdotal: Seseña y Calypo. En el primero, situado cerca de Aranjuez, estuve como vicario parroquial durante dos años; allí di mis primeros pasos. En el segundo, una urbanización de Casarrubios del Monte (Toledo), fui párroco y estuve durante dos años y medio. Todos esos años combiné la tarea pastoral con la académica, llegando a licenciarme en Teología Litúrgica en la Universidad Eclesiástica san Dámaso de Madrid.

-Y después a Roma…

La etapa romana también la podría dividir en dos: el estudio y el trabajo. Enviado por el Arzobispo de Toledo comencé la Licenciatura en Liturgias Orientales en el Pontificio Instituto Oriental, residiendo en el Pontificio Colegio Russicum. El conocimiento del oriente cristiano y de la ciudad de Roma fue para mí un privilegio del que cada día doy gracias a Dios. Al año de estar estudiando comencé a trabajar en la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, presidida en aquel entonces por el cardenal Antonio Cañizares.

-¿Qué ha supuesto para usted poder trabajar en la Santa Sede?

El estudiar y trabajar en Roma es una gracia divina. Esta ciudad ofrece la oportunidad de encontrarte un abanico inmenso de posibilidades en cuanto a estudios se refiere. Aquí he podido profundizar en materias muy especializadas dado que confluyen tantos especialistas del mundo; del mismo modo, esta gran variedad me ha permitido estudiar algunas leguas que llevaba años deseando balbucear: francés, árabe clásico, griego moderno, catalán…

-¿Dónde realiza su trabajo?

El lugar donde trabajo se encuentra en la plaza de Pio XII, es decir, justo delante de la plaza de san Pedro. El Dicasterio se ocupa de la promoción y reglamentación de la Liturgia. Es un gran privilegio trabajar en este lugar al servicio de la Iglesia y en relación directa con el Santo Padre; aquí se siente la universalidad de la Iglesia.

– ¿Ha tenido contactos directos con el Papa?

Con el Papa Francisco me he encontrado en cuatro ocasiones. La más bonita de todas ellas fue el pasado 14 de diciembre cuando, junto con mi madre, pude saludarlo durante el curso de una Audiencia General. Señalándole a mi madre le dije: «Papa Francisco… mi madre Francisca», a lo cual respondió con una gran sonrisa diciéndole a ella que rezara por los sacerdotes. Le entregamos una caja de yemas del Tajo, no podía ser de otra manera, para hacerle ver la belleza de nuestra ciudad y, al mismo tiempo, hacerle gustar su dulzura.

-Ahora cumple diez años al servicio de Dios, ¿cómo los define?

Los diez años se han pasado volando; sí puedo decirte que con el paso de los años todo se ve de modo diverso. El paso de los años y la experiencia te va haciendo madurar. Es inevitable recordar a tantos que han pasado por tu vida y han dejado huella, desde familiares hasta amigos. El próximo día los quiero poner a todos, ausentes y presentes, en el altar para dar gracias a Dios porque me ha dado más de lo que merezco.

-La misa que ofrecerá con tal motivo en Santa María coincide, de forma excepcional, con la presencia de la Patrona de Ronda, la Virgen de la Paz, en el altar principal…

Que presida el altar mayor nuestra Patrona es un gran privilegio! Es algo que soñé y pedí hace diez años pero no pudo ser. En estos días un amigo sacerdote me decía: «La Virgen de la Paz es ahora la que viene a verte para devolverte las tantas visitas que le haces» y así es, no hay vez que venga a nuestra querida Ronda que no pase a verla. A ella tantas veces le he confiado tantas personas y cosas… y he sentido su mano cariñosa.

-Suerte en su misión.

Muchas gracias.


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