Opinión

Memoria/Terrorismo (Francisco Pimentel)

Habían vuelto de la huía. No encontraron nada en sus casas. Todo saqueado, destrozado o quemado. Se habían quedado sin nada. No les habían dejado nada. Ahora no tenían ni siquiera las pocas fotos de los momentos felices. Eso era lo que me decía mi padre cuando yo le pedía que me enseñara alguna foto de mi abuelo para conocerlo, para saber como era o mejor dicho como había sido. Mi abuela me decía que, como rasgo distintivo, tenía una gran mata de pelo, que a ella le gustaba mucho. Que era muy generoso y ayudaba a todo el mundo. Que a sus hermanos zapateros como él les resolvía mil papeletas llegando a quedarse trabajando noches enteras para hacer el trabajo que ellos debían entregar. Así era Frasquito El Bueno.

Y como él todos aquellos hijos de Ronda y de los pueblos de la serranía que hicieron frente a la agresión del fascismo. Eran los mejores y Andalucía tuvo la gran desgracia de perderlos. Aún andamos dando vueltas sin saber orientarnos. La gran castración social que la victoria del franquismo produjo en la sociedad todavía tiene efectos a pesar de destellos como el 4 de Diciembre del 1977.

A Antonio Avilés que fue uno de los primeros encerrados, junto con Agustín Heredia, con mi padre y mi abuelo cuando volvieron de la huía, tanto le maltrataron, tanto lo machacaron, que a pesar de su resistencia acabó confesando lo que no había hecho. Cuando su esposa fue a verlo le dijo que le llevara a su hija para verla una última vez. Ella le recriminó haber firmado. Él le dijo que ya no podía aguantar más tantas palizas, golpes y vejaciones. Que lo que quería era que lo mataran para verse libre de tanto sufrimiento. Que por eso había firmado lo que aquellos perros falangistas infames querían que firmara.

Agustín Heredia estaba junto a Frasquito el bueno cuando los torturaron. Tanto que cuando a mi abuela le entregaron la camisa, ya no era blanca, era roja. Tanta era la sangre que la camisa además de roja estaba tiesa. Se la dieron poniéndola en el suelo quedándose de pie como si una tienda india fuera, al tiempo que le decían que ya no volviera más porque su marido ya no estaba allí.

Esas barbaridades ocurrían en días tales como los que estamos viviendo, mientras en Málaga Arias Navarro, el carnicero, el de los quesos, hacía el paripé de fiscal en las farsas de juicios militares que condenaban a nuestros familiares, a nuestros mejores hombres y mujeres a muerte por rebelión militar.

En estos días que estamos viviendo, en los mismos días de aquellas atrocidades, pero ahora en 2016, vemos otras barbaridades muy similares cometidas por los mismos bárbaros que mandan en Europa. Vemos como cierran las fronteras a miles de personas que huyen de la muerte.

Esos, que dicen que nos gobiernan, son los mismos que cuando en otra época muy anterior tenían que huir de invasiones aterradoras fueron acogidos por nosotros, y sin embargo ahora, hechos los dueños, rechazan ayudar a los pueblos que huyen de la muerte, el hambre y la miseria, efectos que han sido causados por las mismas políticas de egoísmo e insolidaridad que combatieron nuestros antepasados.

Fue en 1981 cuando en mi familia por primera tuvimos documentación de la muerte por fusilamiento de mi abuelo el 14 de Marzo del 1937. Fue el primer fusilamiento masivo en Ronda del que tenemos constancia documental: 2 mujeres y 42 hombres. Todo los años cuando llegan estos días mi mente y mi corazón están en la tapia y las fosas comunes de nuestro cementerio donde nuestros ciudadanos republicanos socialistas, anarquistas, comunistas, andalucistas, masones, librepensadores, están esperando que se haga la verdad, la justicia y la reparación con ayuda de la ley de memoria histórica.


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