Opinión

Soy lo que sé (Manuel García)

A Miguel Ángel, nadie lo ha visto, pero para nosotros es lo que es gracias a su obra. En la Basílica de San Pedro de Roma pude ver cómo le corrían la lágrimas a una mujer, por cierto casada conmigo, al oír las explicaciones de un guía exponiendo cómo pudo Miguel Ángel convertir una gran pieza de duro mármol en tan sutil y conmovedora imagen de la virgen cuyas vestiduras, se expanden con pliegues cincelados en el mármol y junto con el flácido cuerpo de su hijo muerto, dibujan la fuerza que sobre ellos ejerce la gravedad.

En la vida real siempre interviene mucho el conocimiento como patrimonio muy preciado en los individuos y particularmente las circunstancias psicológicas, sociológicas o históricas en las que las personas lo han adquirido pues no es lo mismo llegar a ser el jefe si eres hijo del presidente o eres alguien que empezó desde cero. Podemos decir que todo el mundo sabe mucho porque las cabezas nunca se paran, eso sí, de cosas distintas dependiendo en qué cada cual haya empleado su tiempo, el fruto dependerá de cómo valoren nuestros conocimientos los demás.

Para escalar una cumbre en el Himalaya los alpinistas no contratan a un psicólogo ni a un notario, sino a un  sherpa que aunque no sepa leer ni escribir, sepa mucho de lo que tiene que saber; para cubrir una plaza de recepcionista en un hotel se optará por elegir a un candidato que hable perfectamente ingles mejor que a otro que hable igual de bien el  latín, hablado en la antigua roma y mantenida como lengua de la ciencia hasta el siglo XIX, pero que ya no se habla. Por lo dicho no está claro si es mejor un burro o un buen profesor, específicamente si el que lo necesita tiene el pozo a 3 Km. Esta valoración está hecha desde el punto de vista de la utilidad del conocimiento, tendrán la misma maestría dos personas que hablen  español perfectamente, pero méritos distintos si una de  ellas es extranjero y lo aprendió a peso de codos como lengua foránea y el otro lo aprendió desde niño jugando en mi calle, que por cierto, de ellos toda la calle está llena. Se concluye que en el conocimiento y su valoración intervienen muchos factores, que lo justifican, valoran o invalidan según sea el fin para el que  se utilice y el color del cristal con que se mire.

unque todo el mundo sepa mucho, siempre pensamos que sabemos poco, hasta Sócrates pensaba que solo sabía que no sabía nada. Sin otra aclaración,  nuestra vida profesional se basa en poner al servicio de los demás el beneficio del trabajo y nuestros conocimientos y por eso los que más réditos perciben no son precisamente los que han estudiado mucha literatura sino aquellos que saben lo que tienen  que saber y están en el sitio oportuno en el momento adecuado. Mucha razón tenía el gitano que le dijo al amo que no quería dinero sino que lo pusiera donde lo hubiera, la suerte es imprescindible pero hay que acecharla.

El marco temporal, territorial y sociológico en el que vivimos y nos instruimos condiciona las características del pensamiento del sujeto y de su época. Imaginemos que yo con mi conocimiento me meto dentro de un cuadrado; este cuadrado lo divido en cuatro partes mediante dos diagonales perpendiculares. En el primer cuadrante pongo lo que yo sé, en el segundo lo que los demás saben de mi, en el tercero lo que yo sé pero la gente no lo sabe y en el cuarto lo que la gente sabe de mi pero yo no sé que lo saben. Este cuadrado es como si fuera una mochila que llevamos a cuestas como embalaje en forma de placa identificativa con la que nos acreditamos y cuyo contenido dice lo que somos y para qué servimos.  No solo hay que serlo sino además aparentarlo.


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