Ronda

Morante triunfa en una Goyesca para la historia

El diestro salió por la puerta grande tras cortar dos orejas a su tercero

Morante citó a su sexto toro para las banderillas sentado en una silla.

Ronda vivió este sábado la LVII edición de la tradicional Corrida Goyesca, con un sensacional ambiente y una plaza de la Real Maestranza llena a rebosar para presenciar el encierro de Morante de la Puebla con seis astados, que reaparecía tras su cogida en Huesca el pasado 10 de agosto.

Toros de Juan Pedro Domeq, bien presentados en líneas generales, que dieron un juego desigual, destacando por su bravura y casta el tercero de la tarde.

En su primero, un toro simple y corto de fuerzas, Morante demostró su calidad en algunos muletazos por el pitón derecho, aunque vio pronto el poco juego de su enemigo y lo despachó de media estocada. Silencio y algunas palmas para el sevillano.

En el segundo, un toro bien presentado, musculado y con morrillo, Morante se vino arriba y realizó una buena faena, destacando de nuevo con su labor por la mano derecha.  Mató de una sensacional estocada, recibiendo como premio una más que merecida oreja.

Morante se gustó en el capote con el tercero de la tarde, muy bien presentado de cara,   ejecutando unos lances sensacionales, con la habitual maestría que le caracteriza y que levantaron al público de sus asientos. Con la muleta estuvo extraordinario, toreando despacio y ejecutando una tanda de naturales que quedarán para el recuerdo. La plaza se convirtió en un clamor, con el público puesto en pie y su faena, rematada con otra gran estocada, fue premiada con dos orejas.

A hombros por la calle Virgen de la Paz.
A hombros por la calle Virgen de la Paz.

Al cuarto, un toro inservible para la lidia, lo pasaportó con media estocada en una faena que pasó sin pena ni gloria dada la escasa colaboración del de Juan Pedro.

En el quinto, bajo y bien plantado de cara, Morante estuvo brillante en muchos momentos. Con la derecha realizó algunos capotazos para enmarcar aunque su enemigo no colaboró a la hora de la suerte suprema, lo que impidió que cortara los trofeos que la faena requería. Recibió dos avisos.

En el sexto, bien presentado y con apariencias de servir para la faena,  el de La Puebla se entregó, toreó de capote con un gusto exquisito y puso tres pares de banderillas, el último citando al toro sentado en una silla. En la muleta el toro se rajó y no pudo culminar su triunfal tarde con algún trofeo más.

El diestro salió por la Puerta Grande de la Maestranza rondeña y el público abandonó el bicentenario recinto con un gran sabor de boca tras el esfuerzo realizado por José Antonio Morante.

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