Opinión

Las pequeñas cosas (Manuel García)

Quedó en mi cabeza cuando fui estudiante de Química en bachillerato, la explicación que daba el profesor para transmitir a los alumnos la idea de molécula, decía que Roldán, comandante de las fuerzas de Carlomagno, derrotado y muerto en Roncesvalles contra las tropas españolas compuesta por vascos, expulsó en su última expiración una cantidad de moléculas, de las cuales cada vez que respiramos, inspiramos catorce de ellas por término medio. Esto a simple vista parece absurdo y fuera de lugar decirlo, pero tienen su explicación para comprender el tamaño de una molécula : Si el volumen pulmonar es 5 litros por término medio, las moléculas contenidas en ese volumen repartido uniformemente por toda la atmósfera terrestre, cabrían a 14 unidades por cada 5 litros, los mismos que nosotros inspiramos al respirar.

Total que dicho lo dicho, venimos a concluir que unidades tan pequeñas, en cantidad suficiente llegan a cubrir la inmensidad de la atmósfera. Nuestra vida está compuesta por una inmensidad de sucesos que desde un punto de vista matemático son cada uno de los resultados posibles en una experiencia aleatoria; siguiendo esta óptica matemática nuestra vida está compuesta por una inmensa serie continuada de vivencias, que no es otra cosa que la manera de vivir las cosas que suceden o encajar los sucesos que acontecen.

Como norma sería conveniente vivir las cosas pequeñas que se dan a diario más que esperar cosas grandes que tal vez ni lleguen nunca, con ello quizás como decía Santa Teresa, las manos se nos quedarán pequeñas para recoger todo lo que la vida ha querido darnos y hacen que la falta de amor sea la mayor pobreza. Nuestro criterio para valorar las cosas en la vida condicionará seguro nuestra forma de vivir, o sea nuestra vida. Los padres valoran por norma general la educación de sus hijos para que sean autosuficientes y se sepan valer por sí mismos. El concepto de autosuficiencia está a veces un poco tergiversado y se asocia demasiado al materialismo y por ello, la persona se pasa su vida haciendo cosas que detesta para conseguir dinero que no necesita y comprar cosas que no quiere, para impresionar a gente que odia. Esto es rizar demasiado el rizo como dice el dicho, pero diciéndolo quizás se comprenda mejor que no diciendo nada. Dentro de la educación está la disciplina o capacidad de enfocar los propios esfuerzos en conseguir fines concretos sorteando dificultades que se vaya encontrando a fin de alcanzar propósitos. Nada de esto es posible sin el contenido de una vida espiritual que nos ayude a valorar. La mayoría de nosotros aspiramos a vivirla de una manera coherente y con valores espirituales profundos, sin embargo es difícil tener fe en situaciones desesperadas, elegir la paciencia cuando estamos poseídos por la furia, en definitiva acompañar los ritmos de la naturaleza y actuar con compasión y tolerancia.

Vivir espiritualmente guiado significa estar dispuesto a sentarse en el silencio, permitir que el conocimiento se haga presente, abandonar la razón y los miedos y soltar todo aquello a lo que estamos encadenados. ¿Cómo conseguirlo? -No se sabe a ciencia cierta pero es necesario dedicar más o mucho tiempo al espíritu al que desgraciadamente mucho tiempo le dedicamos pero solo cuando tenemos cercana la muerte. Santa Teresa fue mucho más inteligente y aún siendo muy joven escribió:

Vivo sin vivir en mí, y de tal manera espero, que muero porque no muero. Vivo ya fuera de mí después que muero de amor; porque vivo en el Señor, que me quiso para sí; cuando el corazón le di puse en él este letrero: que muero porque no muero.


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