Opinión

La fuerza del sino (Manuel García Hidalgo)

Los antiguos utilizaban la Alquimia para sanar males de desconocido remedio apoyados en fenómenos naturales que constituían su base experimental, pretendían con esta falsa ciencia precursora de nuestra química moderna, enriquecer a sus adeptos ayudándoles a iluminar su espíritu y descubrir el elixir de la vida que les proporcionara felicidad duradera. Entre sus enseñanzas estaba la fabricación del oro y la plata, era solo cuestión de encontrar la piedra filosofal, les proporcionaba con ello el dominio y remedio que curara todos sus males, aún hoy en día los magos, curanderos y adivinos, emulan y remedan dichas prácticas utilizando simulacros de laboratorio para realizar sus curas y profecías

Los humanos no soportamos fácilmente la incertidumbre de los acontecimientos y el devenir de imprevistos, y estamos por ello constantemente movidos por el deseo de saberlo y controlarlo todo. Nuestra vida es un continuo rosario de sucesos aleatorios que en la mayoría de los casos se sale de lo previsto y deseado, hasta sospechar que vivir es hacer planes mientras que te suceden cosas, afortunadamente muchas son las deseadas y por la contraria, también la viceversa. El sino es tan importante en la vida como lo que con tus actos pretendas, se ve claramente el la obra del Duque de Rivas “Don Álvaro o la fuerza del sino”.

El tema principal que trata la obra es el destino que se opone a sus deseos constantemente. En una parte de la obra Don Álvaro desea morir y se lanza a luchar en todas las batallas posibles en Italia. Pero tiene la mala suerte de no morir en batalla y se hace un gran guerrero. Ahí se muestra claramente la fuerza del destino. Al principio de la obra, Don Álvaro se desarma ante el Marqués con la intención de no herir a nadie, pero tiene la mala suerte de que el arma se dispara sola y hiere al Marqués de Calatrava.

La casualidad es la aclaración utilizada por las personas que son incapaces de encontrar una explicación coherente a situaciones que aparentemente carecen de ella. Cuanto más aprendemos y trabajamos, menos casualidades encontramos por ser estos los medios existentes para luchar contra ella. Un recurso mental utilizado en la mayoría de los casos, es aceptar que los sucesos son cosas de Dios y que lo que ha de ser será, que lo que tiene que pasar pasa, que eso es la vida y que lo que haya de estar para cada uno estará.

Desde el punto de vista matemático, un suceso es cada uno de los resultados posibles en una experiencia aleatoria; siguiendo esta óptica matemática nuestra vida está compuesta por una serie continuada de vivencias, que no es otra cosa que la manera de vivir las cosas que suceden o encajar los sucesos que acontecen. Nuestra existencia es una pura casualidad y sin error a ninguna duda es consecuencia de que nuestros padres seguramente por cosas de la vida, se encontraron por primera vez.

En la naturaleza se producen sucesos que tienen apariencia de casualidades pero que no lo son, simplemente los etiquetamos como tales, porque no podemos darle la explicación correspondiente. La explicación de todo la da el conocimiento y lo inexplicable no es por lo misterioso sino por la ignorancia que de él tenemos, redundando con ello en la definición del mismo misterio. Conclusión: si es blanco, vuela y dice “Cúa, Cúa” no es tu abuela con su traje de boda tirándose de lo más alto de tu edificio, es un pato, así de simple.

Me decía un amigo académico ya fallecido, que escribir era un oficio en contra de lo que mucha gente pueda pensar, se necesita arte y maña para crear adeptos a lo escrito, o gente que lo lea, pero también mucho material, llamémosle ideas y palabras junto con saber expresarlas. Como todo lo dicho, en mi es limitado, perdonen que insinúe y repita ideas y palabras.


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