Opinión

Listos vamos (Ángel Azabal)

Ingenuos. Creyeron que la llegada de Sanrajoy a Moncloa Circus desataría las magias que nos sacarían de la ruina, sin más esfuerzo que dejar la chistera en manos del graciosillo del Montoro, ministro de ministros que al paso que va y con las ocurrencias que tiene, camino lleva de superar a alguno de los del Movimiento, ya sabes, aquellos que hicieron la revolución —inmensa— de cambiar el nombre de los porteros para llamarlos empleados de finca urbana, y se quedaron tan anchos.  Pues éstos de Mariano, igual, que tal vez sea por eso que llaman ajustes a los recortes sociales y persecución inquisitorial al affaire de los trajes de Camps. Mintieron. A sabiendas. ¿Qué es sino mentir, jurar el fin de la crisis sin tocarnos la cartera?

Sin embargo, después de verlos con las tijeras y, sobre todo, dónde dan los tijeretazos, pues no queda otra que pensar que quienes les votaron a la espera de un milagro, hoy les darían la espalda al saberse traicionados, porque eso es justamente lo que ha pasado: el PP —con Sanrajoy y Mon Frère Arenas a la cabeza— nos han tomado por bobos: nos engatusaron con un puñado de trucos y, finalmente, calla, callando, nos han arreado a los de siempre con una nueva subida de impuestos —IBI, más lo que venga tras las andaluzas— y otra subida más grave aún en el IRPF de los proletas, a lo que hay que añadir la amenaza de cepillarse Sanidad, Educación, Dependencias y Becas, dejando a su bola a una banca que iba y va por libre. Si antes estaba acojonado, ahora no te cuento.

¿Y las izquierdas? Mudas. En las izquierdas nos hemos hecho el haraquiri a golpe de Visa platino, con nuestros generales correcoca por ahí, como si tal cosa, sin que nadie se atreva a pedir perdón por el uso de los euros de los parados que se hincó, un baranda que se las daba de rojo, para pagar los servicios que dan los burdeles. Supuestamente. Tampoco da la cara nadie a la hora de reconocer la gravedad que tienen esos EREs más falsos que un duro de cartón, o para denunciar la chulería de un puñado de pijasguay —¿recuerdas?— que lucían panty tigresa y pamela en la portada del Vogue mientras en Trebujena, Marchena y por ahí los obreros se quedaban con menos derechos que en los años 60. Nos dio igual, nos creímos intocables, imprescindibles, insustituibles… y así nos ha ido: 186 a 110, amén de que lo de los EREs trufados de intrusos acabará con Arenas de masca, y será entonces cuando nos acordemos de la gestora de Ronda, de las asambleas no convocadas y del tiempo que perdimos discutiendo que si Carmen, que si Alfredo, cuando lo que se necesitaba era un Suresnes y otro Felipe.

También el equipo de gobierno local nos prometió panes y peces, arroyos de leche y miel… y una auditoría que nos permitiera conocer las cuentas del ayuntamiento. Al día de la fecha, y sin que la Santa Oposición se lo reclame, Adonai sabrá por qué, ni tenemos auditoría ni conocemos en qué se gastaron los casi ocho mil millones que parece ser que se deben. Ni eso, ni los parados bajan, ni los negocios dejan de echar cerrojo, ni se observan aquellos cambios que juraron. O sea que aquí lo único que se dio fue un quítate que me pongo, aunque hay que reconocer que la convivencia en el pleno ha mejorado de manera sustancial, lo cual es de agradecer. Poco más. Los proveedores siguen sin cobrar; los polis, a la gresca por las horas extra; el PGOU, tararí; se piden tres millones a UNICAJA para tapar el tarjetazo y el boquete inmenso de otros tres que se pidieron antes, y todo sin que nadie asuma la responsabilidad de aquellas alegrías que consintieron gastos extemporáneos a mayor gloria del despropósito, del derroche… Lo de siempre, pero con algo menos de locura.

Todo esto, la ruina que tenemos encima, es el resultado de una inmensa chifladura que nos hizo levantar jardincillos y pistas para correr cochecitos de juguete mientras nuestros parados seguían parados, nuestros ancianos sin poder pasear por falta de espacios mínimamente humanos y el personal haciendo cola en duquesa de Parcent por ver de cobrar unas facturas que se remontan a los reyes godos… De locos, ya digo. ¿Tan difícil resulta ponerse de acuerdo, sumar fuerzas hasta encontrar el consenso que nos permita salir de esta crisis que ya se antoja hecatombe, holocausto y fin del estado de bienestar? Parda la llevamos.


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