Opinión

Menos monigotes, menos fotos y más Asprodisis (Antonio Sánchez Martín)

No podía creerlo, y me imagino que como yo, la mayoría de los rondeños se indignarían al enterarse de que ARDE, -el centro de atención a drogodependientes- podría cerrar sus puertas, o que la asociación ASPRDISIS podría verse obligada a cerrar una de sus residencias porque el Ayuntamiento de Ronda utilizó para otros gastos las subvenciones que la Junta de Andalucía envía cada año a esta asociación.

Conozco desde hace años a quienes dirigen y a buena parte del personal que trabaja en ASPRODISIS y en ARDE. Realizan una labor social imprescindible que pocos colectivos, tal vez Cáritas o Proyecto Hombre, están dispuestos a realizar. Trabajar con discapacitados intelectuales y con drogodependientes en rehabilitación no es tarea fácil. Ambas son instituciones imprescindibles en Ronda y su serranía, y por eso resulta alarmante que el gobierno municipal tenga el atrevimiento de atender otros gastos con el dinero de las subvenciones que la Junta de Andalucía les envía cada año a estos colectivos a través del ayuntamiento de la ciudad

Sabíamos que en nuestro ayuntamiento no había un duro, -coloquialmente hablando-, y que es moroso, porque incumple la ley recientemente aprobada que obliga a estas administraciones a pagar sus facturas en un plazo máximo de dos meses, y no de dos años tal como viene sucediendo en Ronda; pero lo que no podíamos imaginar era que nuestros responsables municipales tuvieran la desfachatez política de utilizar para Dios sabe qué otros gastos las subvenciones que la Junta envió hace ya más de medio año para estos colectivos, o que tampoco hayan pagado aún la ayuda económica, -ochenta y cuatro mil euros-, que el ayuntamiento les prometió para construir la Residencia de Gravemente Afectados, que lleva ya más de un año funcionando.

Por qué razón quienes gobiernan nuestro ayuntamiento, -y en especial el Alcalde y Delegado de Hacienda (que en ambos casos es el mismo Antonio Marín Lara), se atreve a ello. La razón es bien simple: Porque se gasta el dinero público en proyectos partidistas, despilfarra en medios de comunicación que le den bomba y boato y, sobre todo, porque cada mes tiene que pagar las nóminas de una desmesurada plantilla de cargos de confianza y de dieciséis delegados municipales, entre ellos su mujer, a los que retribuye generosamente para que en los plenos levanten la mano y aprueben con sus votos lo que su santa voluntad ordena.

A mí este tipo de cosas me producen asco. Un asco horrible, porque son justamente el ejemplo contrario a los valores que yo pretendo inculcarles a mis hijos: Honestidad y Respeto, sobre todo con los más desfavorecidos. Siento asco por esos gestores políticos que deberían predicar con el ejemplo y administrar los impuestos de los contribuyentes con meridiana claridad y no para atender sus caprichos de gobierno. Y siento asco también por los delegados municipales de su propio partido que, aunque posiblemente ni siquiera se enteren de nada, lo cierto es que permiten con sus votos que sucedan estas cosas. Dicho sea todo esto con mi más absoluto respeto a tantos socialistas honestos como conozco.

Pocas veces se ha visto tanta temeridad y atrevimiento en un gobernante. ¿Es esa la “educación para la ciudadanía” que su nuevo partido, el socialista, exige que estudien nuestros hijos en la escuela? ¿Es así como se demuestra y se predica el respeto a los más débiles y desfavorecidos? ¿Sabe acaso Marín Lara el beneficio que supone la atención primaria para un recién nacido con síndrome de Dowm; o sabe que son necesarias al menos dos personas para cambiar la ropa de cama de una persona impedida o para ayudar a bañarla? ¿Y qué sabe del sufrimiento de las familias con hijos drogadictos?

Los compromisos están para cumplirlos y más cuando se gestiona dinero público, y el dinero, cuando se promete, hay que pagarlo. Con su atrevimiento y su irresponsable gestión pone al borde de la quiebra a asociaciones como  ASPRODISIS, a ARDE y a una empresa de más de treinta trabajadores que presta esa asistencia social a los beneficiarios de la Ley de Dependencia

Si nuestra sociedad ha llegado a alcanzar este grado de bienestar y convivencia no ha sido precisamente por comportamientos como el suyo. Hay líneas rojas que no se deberían cruzar: El fin jamás justificó los medios, y utilizar el dinero de los más débiles para proyectos políticos personales, para inauguraciones, o para colocar estatuas que permitan publicar un titular y sacar media docena de fotos en la prensa, me da asco. El mismo asco que sentiré cada vez que vea la nueva estatua del “banderillero” que colocaron no hace mucho en la pared de la Plaza de Toros, porque tal vez, quién sabe… se haya pagado con el dinero que ARDE o ASPRODISIS aún tienen pendiente de cobrar.


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