Opinión

En este preciso instante… (Ángela García Salas, psicóloga)

“El Ser está profundamente dentro de cada forma de vida, constituyendo su esencia más invisible e indestructible. Esto significa que puedes acceder al Ser ahora mismo, porque es tu yo profundo, tu verdadera naturaleza. Pero no trates de asirlo con la mente, no intentes entenderlo. Sólo puedes conocerlo cuando la mente se aquieta, cuando estás plena e intensamente presente en el Ahora (…)” Eckhart Tolle.

Cada vez que una persona acude por primera vez a mi consulta, buscando soluciones a sus problemas, en las primeras sesiones en las que nos centramos en la exposición y comprensión de las vivencias, sentimientos, pensamientos o circunstancias que contribuyen al estado de malestar por el que decidió pedir ayuda en su momento, siempre le planteo una cuestión, desde mi punto de vista trascendental a la hora de abordar la terapia. Algo tan sencillo y a la vez tan inusual como la posibilidad de elegir en qué momento de su vida quieren vivir, es decir, como si de un continuo temporal se tratase, les invito a situarse. Les incito, les estimulo a simplemente pensar sobre la etapa, el ciclo, el momento o el propio instante sobre el que poseen capacidad de cambio. El hoy, el presente, el ahora.

El pasado es nuestra historia, es el relato que hemos ido elaborando a lo largo de los años, de las sonrisas, los miedos, las alegrías, los éxitos, los errores, los desencuentros, el tiempo. El pasado es parte de nuestra identidad, es el concepto que tenemos de nosotros mismos, de nuestra vida, de nuestra forma de sentir, de percibir, de caminar y, del mismo modo, es algo que acaba de ocurrir hace un segundo. Es algo que no podemos desechar de nuestra vida, está ahí y es imposible huir de él, hacerlo sería tan estúpido como intentar vivir permanentemente en el mismo, cuestionándonos por qué nos comportamos del modo en que lo hicimos, por qué estudiamos aquello y no lo otro, por qué no hubiera sido más valiente, menos confiado, más independiente, menos temeroso de lo desconocido.

Por otra parte, si damos un salto temporal hacia adelante, nos encontramos con algo totalmente opuesto, el futuro de dentro de dos horas, de una semana, quince años; siempre inquietante por su no presencia, por el misterio que nos supone, por la falta de historia vivida. Es un tiempo que aun no existe, es irreal por naturaleza propia. Podemos imaginarlo como algo que nos atemoriza por el simple hecho de desconocerlo, de no poder controlarlo o bien como una posibilidad, como un reto, como una aventura por llegar. De un modo u otro tan solo estaremos imaginando, creando hipótesis, sueños sobre algo que es incierto hasta que ocurra, hasta que se convierta en presente. Tristemente la realidad nos muestra que son contadas las ocasiones en las que las personas centran su vida en este momento, en el hoy. Es cierto que para poder comprenderlo es necesario conocer y empatizar con el ayer, al igual que también es cierto que el mañana guarda cierta relación con el pasado, puede que una relación a veces demasiado compleja y sobreestimada.


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