Opinión

Políticos a la gresca

Mientras nuestros políticos siguen a la gresca por cualquier asunto, los ciudadanos van por otros caminos. La prueba está en la respuesta que ha tenido en nuestra ciudad la conferencia del juez de menores Emilio Calatayud, que hizo que el salón principal del Palacio de Congresos se quedara pequeño. Imposible entrar. Ello viene a poner de relieve que este tema sí que le interesa a ese pueblo que los políticos tienen que gobernar, y al que en muchas ocasiones le imponen sus teorías pensadas en el aislamiento del poder, donde muchos no saben ni el precio de un café en un bar cualquiera de este rico país. Coincidimos con el señor Calatayud: los políticos, de un color o de otro, deberían tener más cintura y entrar en dar respuesta a los asuntos que verdaderamente interesan a los ciudadanos y aquellos que creen que son un problema. Pero entonces el problema para ellos sería doble, porque entre las principales procupaciones de todos los que andan a pie de calle están los políticos. Se lo deberían hacer mirar, y es que no es buen remedio el mirar hacia otro lado y pensar que es una cosa menor. Que todos están equivocados menos nosotros.

Se lleva mucho en estos tiempos el hablar en nombre del pueblo, con afirmaciones rotundas, sin hablerles preguntado. Quizás esto sea mucho más fácil, porque lo otro podría deparar sopresas que a algunos no les gustaría nada. Mejor preguntarles a los ciudadanos cada 4 años, vaya a ser que les de por pensar demasiado.

Pues mal camino llevamos. Separarse de la realidad no es una buena solución, y podemos encontrarnos dentro de poco como la situación vivida en algún país vecino, donde la mayoría decidió quedarse en su casa en lugar de ir a votar. Que gane la abstención es un muy mal síntoma y una prueba irrefutable que algo se está haciendo mal en la democracia.

El desapego a la clase política es cada vez mayor y encontrar a un representante público bien valorado es casi noticia. Pocos pasan del 5 en las encuestas, y eso se valora como un gran éxito, cuando en la realidad sería más bien un estudiante mediocre tirando a malo.

El panorama es negro, pero todavía están y estamos a tiempo de remediarlo, aunque para eso, esa regeneración democrática de la que tanto hablan se tendría que llevar a la realidad, aunque a muchos no les interesaría seguir ese camino, que les podría dejar fuera de un selecto club. ¿Dónde habrá quedado aquello de servir al ciudadano? Todavía me recuerda algún amigo cuando tenía que pagar el gasoil de su bolsillo para los coches del Ayuntamiento. ¿Se imaginan ahora algo parecido?


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