Opinión

Una pista de coches teledirigidos en un pueblo sin dirección (Lucas Gavilán)

Acabo de enterarme, señores, los tipos como yo siempre vamos con retraso, qué le vamos a hacer. Hasta mi novia se ha asustado de la cara de tonto que se me ha quedado. Creía que me había sobrevenido un derrame. Por unos momentos mi rostro se desfiguró lentamente hasta adquirir finalmente un aspecto desencajado y transpuesto similar al de Jerry Lewis en sus mejores tiempos. Ciento setenta mil euros para una pista de coches teledirigidos. Toma ya, casi ná. Proyecto que se financiará por lo visto con los fondos del segundo plan E procedente del gobierno central.

Sinceramente, y sin ánimo alguno de materializar en mi persona durante el corto espacio de tiempo que representa este humilde y fugaz memento periodístico, impelido siempre por la transitoriedad de las cosas, esa crítica destructiva y barriobajera, que tan sólo contribuye a crear confusión y crispación entre los vecinos,  me veo obligado a decir que en este pueblo la cordura ha desaparecido por completo. Vuelvo a decir por si no me he explicado bien, que nadie tome mis palabras como la malintencionada y dañina invectiva de un rezongador contestatario, sino como el chispear derivado de la fricción de un engranaje neuronal, que en el interior de mi cerebro se muestra incapaz de asimilar y entender que después de meses y meses de crisis y desempleo, no se adopten medidas reales y efectivas destinadas a ayudar a todos aquellos vecinos que por su especial fragilidad, la crisis les ha golpeado sobremanera. Esto se ha convertido en un guirigay, impenitente y circunfuso, en un mare mágnum de irresponsabilidad, salpimentado por la sinrazón y el despropósito continuo: 170.000 euros para unos cochecitos que ni siguiera llevan pasajeros. Esto no hay pueblo que lo aguante.

¿Cómo se le explica tamaña inversión a nuestros jubilados, muchos de los cuales cobran una pensión mínima de apenas 500 euros, y que viven bajo mínimos? ¿Cómo se le explica a esa pareja de recién casados, que están en paro y no pueden hacer frente a sus hipotecas, que se van a gastar ese pastón en un pista de coches teledirigidos? ¿Cómo se les explica a tantísima gente que lo está pasando mal, que sigan esperando, que los dineros son para cosas más banales? ¿Cómo se les explica a todas esas asociaciones de todo tipo que conforman el tejido asociativo de este pueblo, que la pista de coches y sus aficionados del Club de Automodelismo tienen prioridad sobre todos ellos?

Quiero dejar claro que nada tengo contra todos aquellos aficionados al automodelismo, a los que admiro y respeto y ningún mal les deseo, sino todo lo contrario; pero si son gente comprensiva y solidaria, ellos mismos comprenderán que la grave situación económica que atravesamos no es la más idónea y, por ende, la mas indicada para destinar partidas presupuestarias a tal fin. Señores, ¿dónde quedó la prístina fraternidad, igualdad y justicia? ¿Tan difícil resulta comprender que la situación económica de muchos vecinos comienza a ser simplemente dramática? Aquel que decidió destinar esa partida a una pista por la que rodarán unos pequeños cochecitos, ¿pensó un solo instante en sus vecinos parados? porque si lo hizo debe de estar que no le llega la ropa al cuerpo.

Señores gobernantes, va siendo hora ya de dejar de un lado el individualismo, la falta de solidaridad, la búsqueda continua del bien propio, y comenzar a pensar decididamente en todos aquellos vecinos que se encuentran desamparados. Sé y no me es ajeno, que se están haciendo cosas, no soy contumaz ni desagradecido y lo reconozco, y estoy dispuesto a rectificar en todo aquello que me equivoque; pero tengan en cuenta que el cometido de la política es asegurar el bien ajeno, y en tiempos de crisis con más razón aún si cabe. Aquí se habla mucho de crear empleo, pero no se piensa por ejemplo en todos aquellos vecinos que aún queriendo trabajar, no pueden por motivos de salud o familiares, y se encuentran desamparados y desvalidos al no contar con pensión ni ingreso alguno. O en aquellos otros trabajadores de más de cincuenta años que han quedado en paro y a los que les resulta muy difícil por no decir prácticamente imposible encontrar trabajo a su edad. Este tipo de sensibilidad política de la que hablo es la que se echa en falta o yo no la veo por ningún lado, y en cuanto la vea, me alegraré, la alabaré y la pregonaré a los cuatro vientos para gloria de ese político que en su trabajo de ella hace gala. Hace casi un año que se suspendió la feria de mayo pensando en este mismo bien ajeno del que hablo, y me pareció acertada la medida; pero es que en estos momentos la situación es peor que la de aquellos días, y por arte de magia obviáis ese mismo bien ajeno que esgrimisteis en aquella ocasión y os decantáis un año después por un despilfarro que supera con creces el ahorro que supuso la supresión de la feria pasada. ¿Qué contrasentido es éste? ¿Cómo se come todo esto? No quiero pensar que se trate de una maniobra con vista a las próximas elecciones, no quiero pensar en ello, y prefiero seguir pensando que vuestro principal cometido es como ya he dicho el bien ajeno, y en base a él seguís trabajando sin la interferencia distorsionadora de unas elecciones, como el otro que dijo, a la vuelta de la esquina.

Dicen que los cochecitos, cuando toman un curva suavemente, desechando temerarios derrapes y velocidades inadecuadas, hacen un ruido que evoca y rememora el delicado surcar del aire del voto, cuando en caída libre, y una vez atravesada la hendidura de la urna, se posa dulcemente en el fondo. Por todo lo dicho, estimados y necesarios políticos, actúen con raciocinio, prudencia y sentido común, no vaya a ser que ese día, frente a las urnas, se os quede una cara a lo Jerry Lewis tal y como se me ha quedado a mí.


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